Artículos

http://revistaik.com/amor-y-fantasia/

Amor y fantasía

Juan Antonio López Benedí Ph.D

juanbenedi@gmail.com

Nos acercaremos a la comprensión del amor a través del contraste con las creencias populares. Como todos sabemos por experiencia, el impulso “amoroso” despierta en la adolescencia como resultado de los procesos hormonales que en tal época de nuestra vida se producen. También a veces aparecen conatos en la infancia, que deberíamos considerar más bien como reflejos derivados de observaciones conductuales en el entorno y transferencias afectivas de diferentes tipos. Ya habíamos hablado sobre la pasión y el cansancio que se suele generar por saturación o satisfacción del deseo. En este caso consideraremos otros impulsos románticos, a veces más idealizados que la experiencia pasional, que suelen ponerse como representaciones del amor perfecto, como en el caso de los ampliamente conocidos y citados “Romeo y Julieta”. Al margen de tratarse en su origen de una obra literaria, mucho se ha fantaseado después con respecto a los prototipos de estos personajes. En esa forma ha llegado a convertirse en una expresión popular, por ejemplo “ser un Romeo”, para el prototipo de hombre que enamora a una mujer. Tales fantasías sobre el amor ideal, como referentes muy comunes en la cultura popular, terminaron por confundir a muchas personas sobre el sentido de la realidad en las relaciones y el verdadero sentimiento del amor. En la mayor parte de los casos tiende a darse por hecho que cada persona tiene claro en qué consiste “ser un Romeo”, por ejemplo. Pero la realidad no es esa. En este sentido las ideas suelen ser confusas y a veces contradictorias, cuando se profundiza un poco más. Lo cual da lugar a muchos malentendidos y frustraciones posteriores, totalmente injustificadas.

Veamos el caso de un “Romeo” que declara su amor intenso y su pasión, con la suficiente behemencia y tacto como para subyugar a una mujer. Se trata de un hombre joven, de agradable aspecto y facilidad de palabra. Cree dominar aquello que lo hace irresistible. Consigue combinar el grado justo de seguridad y timidez. Mira fijamente y con ternura a la mujer que desea. Se confiesa seducido irremediablemente por la inteligencia, la belleza y el trato de esa mujer. Pero dice no sentirse merecedor de ella. Deja tales comentarios en el aire y continúa hablando de lo que a ella le interesa: moda, deporte, películas o espiritualidad. Él ya sabe cúal es el tema importante porque se lo preguntó directamente. Pasado un tiempo expresa, como en un suspiro pasajero, lo feliz que sería teniendo a su lado a una mujer como ella. Después sigue conversando y la trata con respeto y gentileza, hasta que llega el momento de despedirse. Él entonces dice que desearía besar sus labios pero que no lo hará; es demasiado pronto. Deja un casto beso en su mejilla y hace amago de retirarse, dejándose retener por ella. Descubre ese brillo especial en sus ojos y sonríe con ternura, hasta que es ella quien pone un beso en sus labios. Entonces se deja arrastrar por la pasión. Haciéndose pasar por su esclavo, se convierte en su dueño. Cuando él descubrió su don se sintió poderoso. Logra satisfacer su deseo. Pero ¿se trata de verdadero amor, por más que la mujer en cuestión lo crea y cada día se sienta subyugada por él? Tal vez muchos piensen que esto no importa; que lo importante es el resultado. ¿Qué piensas tú?

La paradoja se encuentra en que muchos seductores jóvenes pueden conocer y dominar las habilidades precisas para encender el deseo y conquistar a una mujer, pero no por ello la aman. En estas fases puede tratarse tan sólo de un juego de conquista puntual, como vemos también en el reino animal. Las hembras se dejan seducir por el macho más llamativo del momento. Tal impulso sigue existiendo entre los seres humanos y se confunde con el verdadero amor. Pero éste no es un acto de seducción. Es otra cosa. No es fácil descubrirlo ni llegar a vivirlo, a compartirlo. Antes se atraviesan diferentes fases de deseos puntuales que, precisamente por ser puntuales, terminan pronto. No debe verse en ello ningún mal sino la presencia del instinto animal que puja por elevarse hacia lo más propiamente humano o divino del amor. Cuando se logra, se alcanza el paraíso. Mientras tanto, nos mantenemos en la danza del deseo, en las experiencias de vértigo, entre el placer y el dolor. Nunca es objetivo de seducción alguna sufrir. Muy al contrario, tan sólo se desarrolla tal danza para gozar. Este gozo es necesidad imperiosa para calmar el fuego que la naturaleza enciende en nuestras entrañas. Pero sus llamaradas generan siempre sombras. Tal es su ritmo, su música, hasta que conseguimos elevar ese impulso desde el vientre hasta el corazón; hasta que logramos que florezca el verdadero amor.

http://www.revistaik.com/si-no-actuas-tu-relacion-de-pareja-se-convertira-en-un-campo-de-guerra-haz-algo-ya/

Si no actúas, tu relación de pareja se convertirá en un campo de guerra.

Haz algo ya.

Juan Antonio López Benedí
juanbenedi@gmail.com

Como ya vimos, no resulta conveniente buscar personas perfectas en las relaciones porque tal orientación nos lleva a experimentar la desilusión y la frustración. Los procesos que vivimos en nuestras relaciones son complejos, esencialmente cuando se mezclan necesidades afectivas, intereses financieros, sociales y deseos sexuales. Conviene tener paciencia para poder construír un hogar o aquella forma de vínculo que, de una u otra forma, todos deseamos. Pero en tales procesos resulta igualmente importante saber cuáles son los límites para las relaciones saludables y qué síntomas nos pueden ayudar a considerar la necesidad de un cambio o de ayuda externa, por parte de una persona especializada, antes de meternos en el “infierno”. Muchas veces, las rupturas o guerras en las parejas llegan cuando no hemos visto a tiempo esos síntomas o no hemos actuado adecuadamente en el momento oportuno. Por ello mismo pasaremos a considerar las situaciones y estados de ánimo que se generan en nuestras relaciones, en los límites de lo saludable, para saber cuándo es el momento más adecuado para evitar que las dificultades aumenten y se conviertan en heridas difíciles de sanar. En las próximas semanas iremos considerando, con algún ejemplo, estos puntos. Asimismo queda abierto también el buzón de sugerencias por si alguno de los lectores desea plantear algún problema o situación concretos. Por el momento dejaré apuntada la reflexión sobre aquellas situaciones en que nos sentimos desanimados, con falta de ilusión o motivación, aunque todavía no hemos llegado a experimentar rencor o resentimiento.
En todas las parejas suelen producirse pequeñas frustraciones o insatisfacciones por deseos o fantasías no realizadas, a veces porque no se llegan a expresar y por ello resultan imposibles de satisfacer. Es difícil llegar a comunicar nuestros auténticos deseos con la delicadeza y naturalidad suficiente. A veces se convierten en imposiciones un tanto agresivas que generan malestar y otras en sugerencias tan tímidas que no producen el efecto deseado. En los primeros tiempos, cuando aún conservamos grandes dosis de entusiasmo, preferimos justificar y dejar pasar tales “pequeñas cosas”, si realmente son pequeñas, cuando no nos ofenden o hieren de forma clara. Pero, con el tiempo, la acumulación de esas “pequeñas cosas” puede llegar a convertirse en intolerable, dando lugar a una reacción inesperada. Esas pequeñas frustraciones se van acumulando en las dos partes, en cada integrante de la pareja, cuando nacen de la timidez. Por esta vía se llega a la pérdida de ilusión o cansancio. Cuando se trata de situaciones en las que una parte impone su voluntad o deseos a la otra sin escuchar su opinión, sugerencias o propios gustos, entonces la frustración se acumula sólo en quien otorga y calla, dando lugar a un rencor encubierto y un aumento de las exigencias o actitudes de imposición en la otra parte. Si en la pareja se producen situaciones de este tipo, es muy importante manifestarlo cuanto antes y buscar ayuda para aprender a comunicarse con delicadeza y sinceridad, antes de que las frustraciones den lugar a cualquier tipo de estallido físico o emocional. Estos estallidos aparecen en forma de discusiones por cosas sin importancia, de forma aislada, hasta que llegan a convertirse en habituales y aumentan en gravedad. Seguiremos avanzando, con ejemplos.

http://www.revistaik.com/es-verdad-que-todos-tenemos-un-precio-cuanto-crees-que-vales/

¿Es verdad que todos tenemos un precio? ¿Cuánto crees que vales?

Después de muchos años de impartir formación en grupos y sesiones personales, sé que las mujeres tienden a expresar más fácilmente sus emociones y a interesarse por el desarrollo personal en un número muy superior a los hombres. Pero eso no quiere decir que los hombres no lo hagamos. Lo hacemos de otra forma.

Muchos hombres leen estas líneas y reflexionan sin decir nada. Mantienen un diálogo interno. Un diálogo más importante de lo que parece, porque en esa reflexión propia, sin que aún lleguen a expresar opiniones, sentimientos o reacciones emocionales, están forjando su nuevo mundo. Un mundo que florecerá poco a poco en la autoaceptación, la flexibilidad en la comunicación, en las relaciones familiares y afectivas en general, a la vez que ayudará a depurar sus propios valores internos, teniendo así cada vez más claro lo que realmente merece la pena en sus vidas, en nuestras vidas.

Se trata de un proceso natural de maduración emocional, sin sentirnos juzgados, presionados o criticados. Un proceso en el que cada hombre irá poniendo en su balanza interior sus pensamientos, deseos, sentimientos y objetivos de vida, desde la más absoluta libertad y en secreto, hasta que por sí mismos fructifiquen los dulces resultados de la cosecha. Será entonces cuando comenzarán a expresarse y lo harán dejando sorprendidas a muchas mujeres, sorprendidas y enamoradas.

Hace un tiempo hablaba con un amigo y colega sobre dinámicas para combatir el estrés. Él tenía mucha experiencia y yo por entonces comenzaba con mis propuestas. Había elaborado un programa para trabajar en grupo y me sentía orgulloso del mismo. Buscaba su reconocimiento y aprobación. Acababa de descubrir alternativas para diferentes tipos de estrés. Mientras él leía, yo hablaba sobre mis métodos. Estaba seguro del éxito de mi descubrimiento, completamente entusiasmado. Hablaba y hablaba sobre el tema. Entonces él terminó su lectura, miró el dorso de la última hoja y me dijo: “¿Y dónde están las mujeres?”.

Su pregunta me desconcertó y vació mi mente al instante. “¿Qué mujeres?”, pregunté. Me caes bien y voy a contarte un secreto, respondió. “Los mejores cursos de estrés para ejecutivos son los que se llevan a cabo en lugares parecidos a la mansión de Playboy, atendidos por muchas chicas sonrientes y de buen ver”. Entonces me sentí perdido. Pensé que desde esa visión experta mi programa sería un completo fracaso. En ningún momento había previsto nada ni remotamente semejante. Me dejó pensando en que todavía tenía mucho que aprender.

Unos años después estaba de visita en casa de unos amigos y llegó su hija. Ella tendría unos veinte años. Estaba trabajando como patinadora por las calles, ofreciendo una determinada marca de cigarrillos. Estaba contenta. Entre bromas y anécdotas dijo: “A los hombres, enseñándoles las piernas y un buen escote se les vende lo que sea”. Desde entonces he visto y aprendido muchas cosas, motivado por una pregunta: “¿No se puede cambiar el rumbo en la biología masculina? ¿Seremos tan fácilmente manipulables?”.

Tienden a confundirse muchas cosas: deseos y sentimientos, necesidades afectivas y amor, el valor y el precio de las personas. Hace mucho tiempo que viene ocurriendo. Hombres y mujeres caminan con orgullo por las diferentes avenidas del mundo saboreando el triunfo. Hay quienes identifican tal momento culminante con tener grandes casas en diferentes lugares, varios automóviles relucientes y un prestigio social, entre otras cosas.

También escucho a menudo que todo ello, el éxito, tiene un precio. En ciertos casos, para poder mantener el “estatus social”, algunas personas no tienen tiempo para disfrutar realmente de nada. Recuerdo un amigo, un buen y querido amigo, que consiguió triunfar en los negocios, comenzando a los 14 años como un simple limpiador de autos. Llegó a tener su avión privado y varias casas de lujo: una en la mejor zona residencial de la ciudad, otra a mitad del campo con su propio terreno privado para cazar y la tercera en la costa junto a un famoso puerto de lujosos yates.

Cada semana pasaba un par de días en cada una de sus casas y a todas me invitó en diferentes ocasiones. Para mantenerlas había tres familias a su servicio, una en cada residencia, y se ocupaban de que todo estuviera preparado a su llegada. Él estaba orgulloso de sus logros. Pero yo pude mirar detrás de ellos y encontré una inmensa soledad.

Anhelaba disfrutar de momentos entrañables porque en su familia solo se hablaba de dinero y todos luchaban por llevarse el trozo más grande del pastel, aunque sus hijos también tenían sus propias posesiones magníficas. Una tarde me confesó que había perdido algo en su camino y que no sabía cómo recuperarlo.

Hay muchas personas así. Me tocó conocer a unas cuantas que buscaban mi ayuda, en diferentes talleres y sesiones personales, a lo largo de los años. Confundir el valor con el precio ocurre cuando tendemos a vernos como objetos, dentro de un mundo de objetos de consumo. Aunque nadie lo diría así, en relación con su propia vida y persona, esto es lo que nos lleva a una afirmación muy difundida: “todos tenemos un precio”.

Y cuando aceptamos esto, cuando pensamos que podríamos hacer cualquier cosa si nos pagan lo suficiente o que nuestros objetivos en la vida se encuentran directamente relacionados con el “estatus económico”, entonces hemos perdido el rumbo en relación a “tener valor como persona”. Una terrible trampa que puede arrastrarnos sin remedio y con desastrosas consecuencias, no solo para nosotros mismos sino también para nuestro entorno social y el ecosistema del planeta.

Una situación que tal vez nos recuerde algo de lo que en este momento está ocurriendo en nuestro mundo. ¿Hay remedio?, por supuesto. ¿Dónde se encuentra?, primero en nosotros mismos, en nuestra forma de considerar la vida, el trabajo, las relaciones sociales, familiares y amorosas, pero he de advertir que si creemos tenerlo resuelto, si pensamos que esa trampa en nada tiene que ver con nosotros, nos equivocamos.

Para poder evitarla precisamos estar atentos, distinguir qué son los valores de las personas y evitar dejarnos arrastrar cada día por la tentación de sentirnos objetos en un mundo de objetos marcados con un precio. Aquí comienza la madurez emocional como personas. Aquí comienza la alternativa para que la especie humana sobreviva en el planeta.

Juan Antonio López Benedí Ph. D.

juanbenedi@gmail.com

Sobre hombres y mujeres

http://www.revistaik.com/es-posible-entender-a-una-mujer/

¿Es posible entender a una mujer?

Hay hombres que llegan a convencerse de que resulta imposible entender a una mujer, especialmente en ciertos momentos. Otros, por el contrario, alardean de conocerlas muy bien, aunque suele ocurrir que son precisamente estos últimos quienes terminan siendo manejados por algunas mujeres porque, cuando ellos están convencidos de saber por dónde y hacia dónde van, ellas se encuentran ya de regreso.

Recuerdo el caso de un ejecutivo de ventas que conoció a una mujer muy atractiva en la oficina de un buen cliente. Inmediatamente se sintió seducido y fue buscando la forma de aproximarse a ella. Logró finalmente que aceptara una invitación a comer, con la excusa de una oportunidad de negocio para ella. Él estaba entusiasmado y se sentía orgulloso por la habilidad con que logró su objetivo. Así me lo confesó en aquel momento, pero quería moverse con precaución para no poner en riesgo las operaciones comerciales que mantenía con la corporación en la que ella trabajaba, en un puesto de cierta relevancia.

El caso es que siguió progresando con éxito, se ganó la confianza de ella y concluyó que había llegado el momento de lograr una mayor intimidad. Cuidando que sus acciones y propuestas fueran siempre las de un caballero, le propuso matrimonio con el fin de facilitar los trámites para la ciudadanía de ella, puesto que era extranjera y dependía de visados temporales.

Tras pensárselo un par de días, ella aceptó y anunciaron el compromiso. Las mieles del paraíso quedaron al alcance de su mano. Se sentía poderoso y feliz. Sus negocios también se potenciaron con la unión. Ella encontró un lugar magnífico para fijar la residencia conyugal. Además de su belleza, demostró que su inteligencia era su verdadero don. Él estaba convencido de haber encontrado la mujer perfecta.

Un par de años después de la boda se produjo un cambio inesperado. Él se había centrado en su hogar para evitar los celos de su encantadora esposa. Todo se le hacía poco para complacerla, pero las empresas que competían en su misma área de negocios generaron nuevas estrategias y nuestro amigo perdió gran parte de sus clientes. Los ingresos se redujeron mucho. Sin embargo, él pensaba que el dinero no importaba mientras conservara su hogar. Su amor, se decía a sí mismo cada noche, estaba por encima de todo.

Ella también había dejado la empresa en la que trabajaba para que no la acusaran de trato privilegiado a los intereses de su marido. Así pasó otro año y fueron generándose deudas que esperaban cubrir cuando las ventas remontaran, pero no remontaron y llegaron a una situación crítica. Ella entonces recuperó parte de sus contactos y comenzó a trabajar en otra ciudad. Él se quedó con la casa, las deudas y algunos clientes que también habían reducido los pedidos por limitaciones de presupuesto.

Cuando él le pidió a ella colaboración económica para afrontar las deudas, su adorada esposa respondió que sus gastos de mantenimiento en la nueva ciudad también eran elevados y que lo mejor sería que él dejara la casa para sanear su economía. Meses después ella le confesó, con el corazón desgarrado, que se había enamorado de otro hombre y que lo mejor sería divorciarse para que él también pudiera encontrar a otra mujer, ya que sus caminos, debido a las circunstancias, habían tomado diferentes rumbos. Él se sumió en una depresión y así llegó a perder todos sus clientes.

Tras considerar el caso del ejecutivo de ventas que se sintió engañado y destrozado por la “mujer perfecta”, conviene reflexionar sobre algunos puntos para evitar la “bola de nieve” de los prejuicios, acusaciones y desastres de los habituales desencuentros entre hombres y mujeres.

En primer lugar, nuestro estilo de vida actual nos lleva a generar una gran dependencia del dinero. Cuando lo tenemos en abundancia todo está bien y nos permitimos ser generosos. Pero cuando escasea entramos en pánico y podemos traicionar o traicionarnos, tratando de sobrevivir desde un instinto completamente egocéntrico. Esto mismo ha de llevarnos a la urgente necesidad de entendernos en esta trampa paranoica y poner remedios, antes de que sea demasiado tarde.

Hay quienes han llegado a decir que por ello son buenas las guerras o los desastres naturales: cuando nos quedamos sin nada valoramos con claridad el sentido de la ayuda mutua, el cariño y la entrega incondicional, ante la sombra de la muerte. Sinceramente espero que no sea necesario llegar a tales extremos para descubrir los auténticos valores, lo que de verdad es importante en la vida.

Y a la hora de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, ya se trate de hombres o de mujeres, sería bueno que dejáramos de buscar personas perfectas que nos lleven al paraíso, para descubrir con paciencia y humildad a quienes están dispuestos a caminar a nuestro lado con sinceridad, afecto y tolerancia. En este “caminar juntos” desde la humilde necesidad de apoyo mutuo lograremos, como ya hicimos antes, construir un mundo, nuestro pequeño o gran mundo, cada día mejor.

Como ya vimos, no resulta conveniente buscar personas perfectas en las relaciones porque tal orientación nos lleva a experimentar la desilusión y la frustración. Los procesos que vivimos en nuestras relaciones son complejos, esencialmente cuando se mezclan necesidades afectivas, intereses financieros, sociales y deseos sexuales. Conviene tener paciencia para poder construir un hogar o aquella forma de vínculo que, de una u otra forma, todos deseamos.

Pero en tales procesos resulta igualmente importante saber cuáles son los límites para las relaciones saludables y qué síntomas nos pueden ayudar a considerar la necesidad de un cambio o de ayuda externa, por parte de una persona especializada, antes de meternos en el “infierno”. Muchas veces, las rupturas o guerras en las parejas llegan cuando no hemos visto a tiempo esos síntomas o no hemos actuado adecuadamente en el momento oportuno.

Por ello mismo pasaremos a considerar las situaciones y estados de ánimo que se generan en nuestras relaciones, en los límites de lo saludable, para saber cuándo es el momento más adecuado para evitar que las dificultades aumenten y se conviertan en heridas difíciles de sanar.

En todas las parejas suelen producirse pequeñas frustraciones o insatisfacciones por deseos o fantasías no realizadas, a veces porque no se llegan a expresar y por ello resultan imposibles de satisfacer. Es difícil llegar a comunicar nuestros auténticos deseos con la delicadeza y naturalidad suficiente. A veces se convierten en imposiciones un tanto agresivas que generan malestar y otras en sugerencias tan tímidas que no producen el efecto deseado.

En los primeros tiempos, cuando aún conservamos grandes dosis de entusiasmo, preferimos justificar y dejar pasar tales “pequeñas cosas”, si realmente son pequeñas, cuando no nos ofenden o hieren de forma clara, pero con el tiempo, la acumulación de esas “pequeñas cosas” puede llegar a convertirse en intolerable, dando lugar a una reacción inesperada.

Esas pequeñas frustraciones se van acumulando en las dos partes, en cada integrante de la pareja, cuando nacen de la timidez. Por esta vía se llega a la pérdida de ilusión o cansancio. Cuando se trata de situaciones en las que una parte impone su voluntad o deseos a la otra sin escuchar su opinión, sugerencias o propios gustos, entonces la frustración se acumula solo en quien otorga y calla, dando lugar a un rencor encubierto y un aumento de las exigencias o actitudes de imposición en la otra parte.

Si en la pareja se producen situaciones de este tipo, es muy importante manifestarlo cuanto antes y buscar ayuda para aprender a comunicarse con delicadeza y sinceridad, antes de que las frustraciones den lugar a cualquier tipo de estallido físico o emocional. Estos estallidos aparecen en forma de discusiones por cosas sin importancia, de forma aislada, hasta que llegan a convertirse en habituales y aumentan en gravedad.

Después de algunos años de relaciones poco estimulantes, encontró al fin a una mujer que lo hacía vibrar con la pasión y el hechizo del enamoramiento. Comenzó a sentirse nuevamente en la adolescencia y se propuso hacer todo lo que estuviera en su mano por cuidar la relación. Por ello mismo se olvidó de sus propios deseos para centrarse plenamente en la satisfacción de los de ella. Buscó los recursos necesarios para que ella gozara de viajes, comida, ropa, joyas o productos de belleza por los que expresara el más mínimo interés.

Él era un hombre sencillo que no necesitaba de lujos y alardes, pero se sentía feliz viéndola disfrutar. Así se lo decía a todos sus amigos y procuraba convertir cada regalo en una mágica sorpresa. En sus relaciones íntimas siguió conservando el mismo patrón de conducta. Antes de buscar su propia satisfacción, se esforzaba por conseguir que ella tuviera no uno, sino muchos orgasmos.

Así pasaron los primeros dos años y aunque se sentía feliz, sintió que algo comenzó a cambiar. Pero no sabía qué era. Poco a poco fue perdiendo ilusión, procurando que ella no lo notara porque ella seguía siendo el centro de su vida. Él abandonó sus antiguas amistades, redujo al mínimo su actividad profesional para centrarse en ella y solo en ella. Hasta que su enamorada comenzó a notar también el cambio y se lo reprochó.

Estaba convencida de que ya no sentía la misma ilusión porque había encontrado a otra mujer. Aquellos celos no tenían ningún fundamento. Él se sintió muy herido e incomprendido y comenzaron los reproches. A partir de entonces, comenzó a pensar que ella era muy injusta porque él lo dejó todo, renunció a su propia satisfacción sexual y ahora sentía que todo su esfuerzo había sido en vano.

No podía luchar contra aquellos celos irracionales y comenzó a considerarla como una mujer enferma. Ese fue el principio del fin. Cuando rebosó la “bolsa” de las frustraciones se activó un volcán incontrolable. En pocos días pasó de vivir en lo que él creía que era el cielo a lo que estaba convencido de que era realmente el infierno. En ese momento, por fortuna, buscó ayuda y se pudo resolver la situación.

Juan Antonio López Benedí Ph. D.

juanbenedi@gmail.com

Herramientas pedagógicas

¿Símbolos y metáforas para la educación?

La palabra metáfora, que tiene sus raíces en la lengua griega, significa “llevar más allá: Trasladar”.

Su propósito, por tanto, es trasladar una idea, un sentido, llevándolo desde un significado concreto a otro simbólico o figurado que lo represente. Es decir, expresar una cosa por medio de otra, con la que se pueda establecer algún tipo de similitud o vínculo. Esta complejidad relacional, esta riqueza y variedad de posibilidades, puede tener un fin cultural, educativo, formativo y hasta terapéutico.

Podemos decir que por tal medio se establece una especie de comparación entre dos cosas que son diferentes, pero que se vinculan a partir de alguna característica similar, como por ejemplo: “Tus ojos son estrellas que orientan mi camino”.

El lenguaje de las metáforas es indirecto y tiende a identificarse como lenguaje propio del hemisferio derecho. Éste funciona por asociación de ideas; incluso por reacción hacia lo cómico o lo absurdo. Este ejercicio de elaboración o referencias metafóricas, favorece el pensamiento lateral y promueve la aparición de opciones que parecían inexistentes para el pensamiento analítico o lógico-racional. Por ello mismo, el recurso a la metáfora nos aporta formas peculiares y eficaces para generar soluciones creativas.

Como dice Paul Ricoeur, en su obra La métaphore vive, en la que se remonta a su vez a las consideraciones de Aristóteles:

“Así se conduce la obra a su tema más importante: que la metáfora es el proceso retórico por medio del cual el discurso libera el poder que algunas ficciones tienen para redescribir la realidad. Uniendo de esta forma ficción y redescripción, devolvemos el sentido pleno al descubrimiento de Aristóteles en la Poética, que consiste en que la “poiesis” del lenguaje procede de la conexión entre “mithos” y “mimesis”. A partir de esta conjunción entre ficción y redescripción concluimos que el “lugar” de la metáfora, su lugar más íntimo y último, no es ni el nombre, ni la frase, ni siquiera el discurso, sino la cópula del verbo ser. El “es” metafórico significa a la vez “no es” y “es como”. Siendo así tenemos fundamento para hablar de la verdad metafórica, pero en un sentido igualmente “tensional” de la palabra “verdad”. (1)

Tal sentido de la metáfora de “no ser” al mismo tiempo que “es como”, es lo que puede verse como sugerencia o incitación hacia la experiencia interior. A través de ella se elaboran y asientan los valores, asociados a los sentimientos y las emociones.

Cuando logramos vislumbrar esta posibilidad de abrirnos a lo más íntimo de nosotros mismos, aparece la condición potencial de una hermenéutica organizada y plenamente racionalizada, que puede aplicarse a los mitos, las leyendas o los cuentos, como propuesta educativa. Cada palabra, cada enunciado y la composición total del texto en cuestión se convierte en un mundo complejo de símbolos cargados de intención vital, antropológica, a la espera de nuestro redescubrimiento. En esta forma se da lugar a una creación personal o interpersonal, dialéctica o dialógica, en la que aparecen diferentes emociones y explicaciones de la realidad; de nuestra realidad inmediata.

Este lenguaje lo hemos usado en nuestra infancia; lo siguen usando las niñas y los niños, en edad escolar. Lamentablemente, los procesos de abstracción posteriores, los llamados de “educación superior”, tienden a relegarlo. ¿No será el momento de recuperarlo, reintegrarlo como reflejo de nuestra realidad compleja, para recuperar nuestro equilibrio humano? Sin lugar a dudas, por medio de tales habilidades originarias, desarrolladas metodológica y analíticamente, en el equilibrio armónico reflejado en una sinfonía musical, podremos llegar a afrontar la incertidumbre. Esa misma incertidumbre que nos asusta en tantos momentos de nuestra vida: En procesos de aprendizaje, resolución de problemas o toma de decisiones; cada uno de los diferentes momentos presentes en nuestras vidas y de aquellos a quienes nos proponemos educar.

(1) Traducción del autor.

“Ainsi l’ouvrage est-il conduit à son thème le plus important: à savoir que la métaphore est le processus rhétorique par lequel le discours libère le pouvoir que certaines fictions comportent de redécrire la réalité. En liant de cette manière fiction et redéscription, nous restituons sa plénitude de sens à la découverte d’Aristote dans la “Poétique”, à savoir que la “poiësis” du langage procède dela connexion entre “muthos” et “mimësis”. De cette conjonction entre fiction et redéscription nous concluons que le “lieu” de la métaphore, son lieu le plus intime et le plus ultime, n’est ni le nom, ni la phrase, ni même le discours, mais la couple du verbe être. Le “est” métaphorique signifie à la fois “n’est pas” et “est comme”. S’il en est bien ainsi, nous sommes fondés à parler de la vérité métaphorique, mais en un sens également “tensionnel” du mot “vérité”. Paul Ricoeur. “La métaphore vive”. Paris 1975. Ed. du Seuil. (Pág. 11)

Para una integración pluricultural desde los valores del imaginario colectivo

Juan Antonio López Benedí Ph.D.

 juanbenedi@gmail.com

RESUMEN

Este trabajo tiene como objetivo potenciar y facilitar la integración pluricultural desde la perspectiva de los valores que conforman las diferentes culturas. Se propone ejercer una reflexión sobre una posible reeducación en valores, desde una perspectiva integradora que haga patente lo que suele quedar implícito en las relaciones humanas.

 

Palabras clave: Educación en valores, pluriculturalidad, mitos y leyendas, hermenéutica, integración social.

 

ABSTRACT

This work aims to promote and facilitate multicultural integration from the perspective of the values that make up the different cultures. Wishes to pursue a reflection on a possible re-education in values, from an integrative perspective that makes visible what is often left implicit in human relations.

 

Keywords: Values education, multiculturalism, myths and legends, hermeneutics, social integration.

 

 

Los mitos y las leyendas fueron y siguen siendo, en cierta forma, la clave de configuración ideológica de la tradición oral, vinculada con procesos iniciáticos o ritos de paso, para conservar y transmitir valores, conocimientos, usos y técnicas particulares, entre diferentes pueblos y gremios. Tales transmisiones se hacían desde un referente fijo, incuestionable, ligado a una cosmogonía o visión del mundo particular. Ahí es donde haremos uso de las investigaciones antropológicas, para relativizar visiones dogmáticas, hacia una visión pluricultural integrada. Pero antes de seguir avanzando, en este sentido, nos conviene centrar la idea de lo que supone un mito, en relación con el pensamiento científico actual. Y para ello consideraremos el enfoque de Ph. K. Bock (1977):

Entonces, ¿en qué forma difiere el pensamiento primitivo o “mítico” del pensamiento “científico” que es, después de todo, una elaboración reciente de la civilización occidental? El mito, afirma Lévi-Strauss, es una “ciencia de lo concreto”, en la que el hombre trata de comprender el mundo según sus cualidades sensibles, es decir, mediante su percepción e imaginación y no por medio de la abstracción de propiedades que no es posible percibir directamente. El hombre primitivo categoriza sus experiencias basándose en lo que puede mirar, escuchar, probar, oler y sentir; entonces emplea este “repertorio” de categorías para construir explicaciones míticas de lo que trata de comprender (Págs. 431,432).

Con el tiempo, la ciencia ha ido imponiendo sus procedimientos abstractos, como criterio de validez universal del conocimiento, frente al mito. Pero, en lo tocante a la educación y específicamente en los procesos que se llevan a cabo para la integración social, tal vez se haya estado procediendo en una forma brusca al erradicar esta estructura cognitiva del pensamiento primitivo, comparable en cierto punto a la de los niños/as y adolescentes a quienes se pretende formar o educar, pero también presente como visión del mundo preconsciente en los adultos. En el primer caso, el de los niños, dando por supuestas categorías conceptuales que aún no han sido formadas. En el caso de los adultos, en razón de la falta de coherencia que suele darse entre ciertos procesos cognitivos, conductuales y afectivos. Cuando, en otros estudios cognitivos de la psicología evolutiva, se ha observado tal dificultad, en lugar de recuperar los procedimientos evolutivos naturales, se ha tendido a reinventar otros, artificiales, aplicables a la didáctica pero condicionados implícitamente por las categorías abstractas frente a las sensoriales. Tal vez sea el momento de superar dicotomías y prejuicios, como apunta M. Romo Santos (2008):

Pero hay otras dimensiones comunes entre el arte y la ciencia. Como he dicho en mi libro Psicología de la creatividad, “la verdad no es privilegio de la ciencia, ni la belleza del arte”. Si queremos comprender la naturaleza del conocimiento humano en profundidad debemos ir más allá de la dicotomía arte/ciencia, belleza/verdad, imaginación/lógica, emoción/razón… (Pág. 158).

Tal vez sea hora de asumir la complejidad propia de lo humano, de forma integrada e interactiva. Pero, para poder hacerlo, también habrá que considerar la profunda raigambre de tales estructuras, como plantea Ph. K. Bock (1977), citando a Lévi-Strauss:

Lévi-Strauss cree que los principios integradores de los sistemas ideológicos y otros sistemas culturales tienen que encontrarse en el nivel de la estructura inconsciente, y que la mayoría de ellos adoptan la forma de oposiciones binarias (en dos sentidos) (Pág. 433).

Resulta curioso observar, por otra parte, el paralelismo existente no sólo con respecto al conocimiento de las cosas o los modelos de explicación de los sucesos, sino también con respecto a la llamada “crisis” de los valores. Pero sobre este asunto trataremos en otro momento.

Los mitos y las leyendas tienden a asociarse con creencias impuestas, generadoras de prejuicios sobre lo real y contrarias por tanto al conocimiento crítico, científico y libre. Debería diferenciarse, no obstante, el sentido evocador de los mitos y las leyendas, en cuanto a su riqueza en metáforas o alegorías poéticas, de las creencias impuestas por una fe o una ideología determinada. En sentido estricto, también habría que incluir aquí las ideologías políticas, que imponen algún tipo de creencia u ortodoxia de partido entre sus afiliados y seguidores, incluidos los científicos, o las directrices económicas de ciertas empresas, que pagan las investigaciones de éstos cuando se llevan a cabo en un sentido predeterminado.

Pero los mitos, como meras sugerencias poéticas, despiertan la creatividad desde la vinculación emocional con las diferentes circunstancias, procesos, problemas, tragedias o crisis propias de la vida humana. Al no cerrarse, tales representaciones de referencia sensorial que constituyen, como quedó apuntado, lo propio del lenguaje mítico, en conclusiones conceptuales abstractas, pueden generar inercias de pensamiento crítico sobre la moral, la vida o los valores, que ayudan a configurar la educación y la integración social como desarrollo de la personalidad plena, compleja, con la consiguiente adquisición de autonomía, reconocimiento de lo ajeno y construcción de un saber emancipado, con tendencia a la creatividad. Veamos esta sugerencia que G. Colli (1977) sitúa como origen del pensamiento filosófico-científico actual:

Por consiguiente, el misticismo y el racionalismo no fueron al parecer algo antitético en Grecia: más que nada, habría que entenderlos como dos fases sucesivas de un fenómeno fundamental. La dialéctica interviene cuando la visión del mundo del griego se vuelve más apacible. El fondo escabroso del enigma, la crueldad del dios hacia el hombre van atenuándose, quedan sustituidos por un agonismo exclusivamente humano (Pág. 68).

Otra perspectiva, complementaria con la anterior, la encontramos en W. Jaeger (1982):

 

La obra de Homero está en su totalidad inspirada por un pensamiento “filosófico” relativo a la naturaleza humana y a las leyes eternas del curso del mundo. No escapa a ella nada esencial de la vida humana. Considera el poeta todo acaecimiento particular a la luz de su conocimiento general de la esencia de las cosas. La preferencia de los griegos por la poesía gnómica, la tendencia a estimar cuanto ocurre de acuerdo con las normas más altas y a partir de premisas universales, el uso frecuente de ejemplos míticos, considerados como tipos e ideales imperativos, todos estos rasgos tienen su origen en Homero (Pág. 60).

 

Al condenar las imposiciones religiosas, dogmáticas, como imperativos cerrados en la fe que anulan el libre ejercicio del pensamiento, se metió en el mismo lote al mundo evocativo, metafórico y poético del mito, el mundo homérico, cerrando así la puerta motivadora de las reinterpretaciones y aplicaciones dialécticas a campos y materias diversos, que se han mostrado siempre como fecundos para la creatividad y el descubrimiento científico.

En relación con esto, podemos plantearnos una nueva conjetura: ¿sería posible integrar, en el conocimiento científico actual, los valores que caracterizaron siempre la transmisión iniciática del conocimiento? Entre los iniciados, era y es importante que los aspirantes al conocimiento, la técnica o los secretos, mostraran sus cualidades morales y personales, además de las intelectuales. Tal vez la mal entendida democratización de la ciencia, a la vez que el deslumbramiento por el empirismo intelectualista hayan dejado en el camino elementos fundamentales para la motivación y los valores humanos, que hoy se echan en falta. ¿Será posible recuperarlo sin dar pasos atrás, en cuanto a los dogmas o condicionamientos limitadores?

Como dice A. de la Herrán Gascón (1998):

“La didáctica es el arte de enseñar y comunicar inquietud por el conocimiento, en función de la evolución humana” (Pág. 33).

BIBLIOGRAFIA

Bock, Ph. K. (1977). Introducción a la moderna Antropología Cultural. México: Fondo Cultura Económica.

Colli, G. (1977). El Nacimiento  de  la  Filosofía. Barcelona: Tusquets.

Herrán Gascón, A. de la (1998). La conciencia humana. Madrid: San Pablo.

Jaeger, W. (1982). Paideia. Madrid: Fondo de Cultura Económica.

Romo Santos, M. (2008). Epistemología y psicología. Madrid: Pirámide.

El valor de la palabra en la sanación

 Ph. Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

            Este artículo presenta la codificación regresiva a través de un caso. Muestra la posibilidad de ayudar en el tratamiento del cáncer. Esta ayuda se basa en la correlación con factores emocionales positivos. Tal proceso es complementario con cualquier otra técnica terapéutica. También muestra el peligro de transmitir mensajes que destruyan los progresos logrados con anterioridad.

La codificación regresiva es una forma de aprovechar el lenguaje imaginativo natural. Este lenguaje lo utilizamos, por ejemplo, cuando soñamos. Por su mediación damos salida a nuestras emociones o impulsos internos. Tal representación simbólica se apreció y estudió profusamente en el ámbito del psicoanálisis. A partir de las propuestas de Sigmund Freud se abrieron después muchas otras investigaciones y aplicaciones. Esta propuesta de codificación emocional, dirigida técnicamente, ha probado ser muy efectiva en procesos de alteración de la conciencia. Estos procesos pueden ser consecuencia de actividades lúdicas o inducciones hipnóticas. Se producen cuando la actividad cerebral se encuentra por debajo del neocórtex. Este área se conoce como “cerebro emocional” o zona límbica. Como ejemplo práctico de observación, citaré a continuación un caso real.

Se trataba de un hombre jubilado, de 67 años. Había comenzado a sentir ciertas molestias a raíz de la jubilación. Finalmente le diagnosticaron un tumor en el hígado. Aquello le asustó y se encontraba desmoralizado. Vino a verme acompañado por su mujer. Su objetivo era encontrar alivio a través de un procedimiento complementario con el tratamiento médico que seguía. Su proceso no era especialmente doloroso. No buscaba ninguna fórmula para reducir el malestar físico. Se apreciaba en él una gran tristeza. Sus familiares habían observado la decadencia en su aspecto y en su sentido del humor. Les parecía que hubiera envejecido muchos años de golpe. Llegó a mi consulta por el empeño que había puesto su mujer; así me lo confesó. Él no esperaba nada y veía mi trabajo con escepticismo. Yo le invité a probar. No traté de convencerle de lo bueno que era lo que yo hacía. Respeté su opinión. Tan sólo propuse que no se dejara llevar por las creencias o recomendaciones de nadie. Debía centrarse en su propia experiencia. Al finalizar la primera sesión hablaríamos. Le pareció bien.

Comencé con un procedimiento de observación sensorial. En él se combinaron respiraciones rítmicas profundas con instrucciones sencillas. Fuimos pasando de las sensaciones externas objetivas a las subjetivas externas e internas. Primero le hice concentrarse en las sensaciones de la piel, en las diferentes partes del cuerpo y la ropa. Después le hice ampliar su sensibilidad sintiendo, a través de su ropa, los zapatos, el suelo, el sillón y el aire. Seguidamente le induje a sentir las paredes y el techo a través del aire. Pasamos seguidamente a su interior. Sintió los pulmones, la sangre, el corazón, el esófago, el estómago, el intestino y el hígado. Una vez allí le propuse que observara sus órganos por dentro. Al llegar al hígado describió tres “bolitas”, que se correspondían con los tumores. En ningún momento le dije que tuviera que ver nada allí. Pero él pareció entusiasmarse porque las veía “con toda claridad”. El siguiente paso fue rastrear aquellas “bolitas” en su evolución temporal. Le propuse observar asociaciones en relación con sus vivencias y recuerdos. Estos iban apareciendo en forma regresiva hasta que tales “bolitas” desaparecieran. Rastreando tal pista fueron surgiendo imágenes y sentimientos de inutilidad y pérdida del sentido de la vida. Me pareció suficiente aquella información. Llamó mi atención que el proceso se hubiera manifestado después de jubilarse. Por este motivo le sugerí indagar en aquellos sueños, metas o impulsos que le atrajeran. Buscamos asociaciones de temas que le parecieran atractivos en este momento. También buscamos objetivos o deseos insatisfechos de cualquier otro momento de su vida. Y apareció un fuerte impulso por ayudar a los demás. Siempre quiso aliviar el dolor y el malestar ajeno, aunque nunca se sintió especialmente dotado para ello. Tampoco había estudiado nada que le permitiera prepararse en ese sentido. Vio sus limitaciones por diferentes causas, temores y prejuicios. Pero le gustaría hacerlo ahora. Veía que la jubilación le permitía tener tiempo para prepararse. Era su oportunidad para sentirse optimista y motivado. Le induje a verse formándose en este sentido y se vio curando con las manos. Aprovechando tal visión, le hice sentir la energía en sus manos y cómo se aliviaba al aplicársela a sí mismo. A la vez, focalicé sus sensaciones para que notara la energía fluyendo por todo su cuerpo. Esta energía debía tener un color blanco azulado, así como una vibración intensa y agradable. En ese proceso de visualización sentía entusiasmo y notaba que las “bolitas” del hígado se diluían. Él mismo se admiró al observar que ese flujo energético parecía absorberlas.

Al terminar la sesión le propuse que mantuviera aquella imagen de los tumores disolviéndose en la energía blanca azulada. Le sugería, además, que probara con curiosidad aplicando la energía de sus manos para aliviar el malestar de otras personas. Por supuesto, también debería hacerlo con el suyo. Le propuse que se dejara llevar, aunque no tuviera conocimientos sobre la materia. Después podría formarse, si lo deseaba. Pero lo importante era “jugar” a sentir y compartir ese flujo de energía sanadora cada día. Y así lo hizo. Durante un año, paralelamente al tratamiento médico que seguía para su enfermedad, mejoró su calidad de vida a través de la imposición de manos. Las personas a las que trataba de ayudar le manifestaban su gratitud. Realmente se sentían mejor tras la imposición de manos. Y aquello le motivó mucho. Después asistió a varios cursos para aprender a utilizar la energía de sus manos. En uno de ellos, un profesor le dijo que él no podía hacer lo que hacía. Le hizo verse como un enfermo y que dañaría más su propia salud. Aunque tal opinión fuera contraria a los hechos, la creyó. Le pareció “lógica”. Desde ese momento se convirtió en una sugestión, recibida por parte de una persona que él consideraba experta en el tema. Olvidó lo que experimentó conmigo. Aquello le hizo retroceder en su proceso.

Aquí apreciamos la fuerza y el riesgo de la sugestión. La codificación regresiva es un medio muy eficaz para activarla. Debidamente enfocada ayuda a resolver procesos de somatización o alteración orgánica tan complejos como puede ser el cáncer. Pero también pueden utilizarse códigos emocionales, de manera ignorante e involuntaria, para producir efectos contrarios. Estos serán consecuencia de las creencias limitantes. Resulta fundamental aprender a estructurar de forma no impositiva tales códigos y dirigirlos de manera constructiva. Al hacerlo así se logra una herramienta muy eficaz de apoyo y complemento con otros tratamientos. Estos tratamientos físicos, de cualquiera de las llamadas medicinas alternativas, naturales, se verán siempre potenciados por este medio. Pero cuando no se tiene en cuenta su correcta aplicación también puede entorpecer los procesos. Esto se ha probado, tanto en los tratamientos naturales, alternativos, como en la medicina alopática.

Memoria, imaginación y lenguaje

Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

Resumen

Este artículo tiene como objetivo reflexionar sobre las raíces de la imaginación humana y su capacidad potenciadora de conexiones para la educación en valores, vinculada con la hermenéutica de las leyendas y los mitos, desde una perspectiva conceptual y evocativa, coherente con lo que se propone. Su propósito es plantear bases teóricas para la formación del profesorado, en el área propuesta. Se encuentra respaldado por citas relacionadas con la antropología, la psicología, la pedagogía, la psiquiatría y la filosofía.

Palabras clave

Memoria, imaginación, lenguaje, didáctica, mitos y leyendas, hermenéutica, formación del profesorado.

Abstract

This article aims to reflect on the roots of human imagination and ability-enhancing connections to the teaching of values, linked to the hermeneutics of the legends and myths, from a conceptual and evocative, consistent with what is proposed. Its purpose is to propose a theoretical basis for teacher training in the proposed area. Is supported by quotations related to anthropology, psychology, pedagogy, psychiatry and philosophy.

Keywords

Memory, imagination, language, teaching, myths and legends, hermeneutics, teacher training.

 

Evolución humana

Lo propio de lo humano parece encontrarse en el desarrollo especial de su cerebro, volcado a la capacidad de acumular experiencia, hacer extrapolaciones de la misma, combinar los datos o representaciones en formas diferentes a las dadas, expresarlo y compartir tales conocimientos o elaboraciones con sus congéneres, llegando a aplicar todo el proceso en una tarea de transformación del entorno para que sea éste, y no a la inversa, el que se adapte a las necesidades o requerimientos que su naturaleza le impone. Es decir, que por medio de toda esa compleja estructura dinámica consigue, por ejemplo, mantener unas cotas mínimas de calor, imprescindible para la supervivencia, envolviéndose en pieles de otros animales mejor adaptados antes de cambiar la suya. También puede valerse de herramientas diversas para aumentar su fuerza (mazas), producir heridas mortales supliendo garras y colmillos con lanzas, flechas o cuchillos, atrapar animales más veloces o demasiado grandes con trampas, elaborar hábitats cada vez más seguros y confortables, etc. Y para  todo ello dispone, como síntesis de las notas y reflexiones anteriormente citadas, de tres cualidades básicas y propias: la memoria, la imaginación y el lenguaje. De ellas partiremos como raíces explicativas, como raigambre del  simbolismo, y por lo tanto base operativa de acceso a la hermenéutica que nos proponemos llevar a cabo en el presente trabajo. Como apoyo y contraste, veremos la propuesta de G. M. Shepherd (1990), para que nos ayude a enmarcar las características propias de lo humano, como elementos diferenciadores en la evolución biológica.    

¿Qué es lo que hace que el hombre sea único? Los atributos que comúnmente se contemplan como distintivos del hombre están listados en la tabla:

1. Locomoción con las extremidades posteriores: extremidades anteriores libres para otras funciones. 

2. Mano prensil: fabricación de herramientas y desarrollo de la tecnología.

3. Agrandamiento del cerebro con respecto al tamaño corporal. 

4. Desarrollo del habla y del lenguaje.

5. Desarrollo de interacciones sociales y de la cultura: juventud prolongada; división del trabajo en sociedad; controles en el sexo y en la agresión. 

6. Expresión individual artística y espiritual.

                   ____________________________________________________

                   Modificado de Isaac y Leakey (1979)

 La postura erecta y el andar con las extremidades posteriores permitió a las extremidades anteriores permanecer libres para otras funciones. Es curioso recordar que la locomoción mediante el mínimo número de patas expresa una  tendencia también presente en los invertebrados, como se discutió en el capítulo 21. El aspecto importante fue que las extremidades anteriores no se tuvieran que dedicar a otras tareas obligatoriamente, como el vuelo de las aves o el balancearse en los árboles de los monos, sino que quedaran libres para actuar en el medio ambiente de forma nueva y original. El camino más decisivo lo aportó la mano prensil, que condujo a la utilización de herramientas y a la tecnología. El desarrollo paralelo del habla y del lenguaje dio lugar a modos de comunicación más apropiados, y finalmente al pensamiento simbólico (Págs. 568-569).

Es de suponer que la incapacidad de respuesta ante las agresiones de otros animales o de la naturaleza, generaran un temor que, en muchos casos, afectara gravemente su psiquismo incipiente. Podemos entender, por analogía con los comportamientos humanos actuales, y salvando las  distancias, que la génesis de ciertas patologías paranoicas se establece en sustos o sensaciones de desamparo existencial, que se introyectan produciendo pesadillas o fantasías, que pueden cobrar un dinamismo propio e incluso predominante frente a otros factores percibidos en el entorno inmediato exterior. Tal es el caso, por poner un ejemplo, de los niños que sueñan con brujas que les aterrorizan, durante el primer año de escolarización o separación de sus padres para ir a una guardería. Propondremos la conjetura de que la persecución de animales salvajes carnívoros, como el lobo de nuestras latitudes o el tigre, el león y el puma, en otras, produjera un impacto fuerte, unido a la actividad de volcanes, terremotos, tormentas, lluvias torrenciales, fuegos, etc. Tal repercusión aguda en las conciencias incipientes más débiles o sensibles dio lugar, sin duda, como sigue ocurriendo en nuestros días y se detecta también en los animales, a una actividad onírica poderosa, en forma de pesadillas, que serían el desahogo y reflejo de lo experimentado vitalmente. La mayor parte de estos sueños no se recuerdan. Pero a veces, cuando la tensión emocional es muy fuerte, dejan secuelas duraderas. De todos son conocidas las investigaciones psicoanalíticas desarrolladas a partir de Sigmund Freud. En esta línea, puede sernos de utilidad considerar las reflexiones de un psiquiatra norteamericano, el Dr. J. N. Rosen (1975), que desarrolla, partiendo de su trabajo clínico, en un esfuerzo por tratar las psicosis sin medicamentos y obteniendo éxito en un alto porcentaje de casos, que él mismo muestra por las  fichas de pacientes en su libro:                

Las psicosis y los sueños, o más correctamente las psicosis y las pesadillas, tienen mucho en común. Freud hizo esta observación en la Interpretación de los sueños. El material que ambos utilizan proviene del inconsciente y mientras el psicótico y el soñador alucinan, la función del sistema consciente se pierde. En ambos casos, el ego queda dolorosamente débil. Pero las psicosis no son, sin embargo, literalmente hablando, sueños, y vendría al caso preguntarnos qué impide al psicótico despertarse como hace el soñador. En el soñador, el despertar del ego es un proceso fisiológico reversible, mientras que en el catatónico, el débil ego es la resultante de un deterioro patológico. El sueño que triunfa defiende el dormir y vence la ansiedad mediante la ayuda del preconsciente. En la pesadilla, el sueño falla en su defensa por estos medios, pero, al despertarse, la psique tiene a su disposición todos los refuerzos del ego consciente, de forma que la vida puede continuar de un modo relativamente normal. En el caso de la agitación catatónica, estamos enfrentándonos a una pesadilla continua en la cual no existe despertar, puesto que el ego consciente, que debería haber acudido al rescate, se compone de restos o sombras del ego normal, y forzosamente ha de fallarle al doliente (Págs. 53, 54).

Dentro de nuestra analogía temporal, podemos suponer, con todo derecho, que tales casos se dieron abundantemente. Tras el citado fenómeno de la conciencia aparecen asociadas las funciones básicas de la imaginación, forjadora de las ensoñaciones diurnas o nocturnas, y la memoria, por la fuerza que observamos hoy en su génesis cuando el acontecimiento va asociado a un sentimiento poderoso. El siguiente paso natural, en la economía de la psique humana, es la necesidad de expresión. Ésta, cuando va referida a objetos del mundo físico, puede consistir en sonidos guturales o gestos meramente indicativos. Pero al tratarse de elementos subjetivos puros, como las alucinaciones o representaciones oníricas, mueve a la necesidad de encontrar un tipo de lenguaje más complejo y desarrollado, en un grado mayor de abstracción,  aunque no podamos hablar aún de una organización de signos o símbolos plenamente conceptuales.

El Dr. H. Zulliger (1981), tras las múltiples experiencias que realizó y describe, en los análisis de las técnicas de juego, como auxiliares de la psicoterapia infantil, llega a reconocer la importancia y bondad de la expresión natural de ciertas conductas, consideradas atávicas en otros marcos, que evitan desarrollos patológicos, precisamente por su capacidad lúdica de oposición a los prejuicios burgueses. 

Los antiguos griegos tuvieron  sus  bacanales; los romanos, saturnales; y ciertos pueblos y cierta gente festejaban en nuestros países el carnaval. Nosotros juzgamos estas costumbres como una especie de válvula de seguridad, digámoslo así, mediante la cual se apaciguan los instintos reprimidos, resultando después tanto más fácil someterse a las estrechas leyes del quehacer diario (Pág. 172).

Pero no sólo se da la necesidad de expresión en cuanto a los impulsos sexuales, sino que ésta se encuentra también en la infancia, como raíz  de la creatividad en su estado más puro y tales consideraciones sobre distintos aspectos de la mentalidad o psicología del niño, aunque tomados de forma muy puntual, nos permiten el salto hacia la mentalidad primitiva u original humana, que en este momento nos interesa considerar. H. Gardner (1987) hace referencia a la creatividad en los niños y los adultos, tomando como base experiencias realizadas en Harvard, así como en otras universidades y dentro de diversos proyectos de investigación, junto con otros colegas. Resulta de sumo interés considerar, entre otras, la siguiente cita:             

En mi opinión, existen claras diferencias entre la actividad artística de los niños y la de los adultos. Si bien el niño puede tener conciencia de que está haciendo cosas de un modo distinto de otras personas, no aprecia cabalmente las normas y las convenciones de los ámbitos simbólicos; su intrepidez encierra muy poca significación. El artista adulto, en cambio, tiene pleno conocimiento de las normas adoptadas por otros; su voluntad, su compulsión por rechazar las convenciones se concreta, cuando menos, con total conciencia de lo que está haciendo y en muchos casos a un considerable costo psíquico. Como observó una vez Picasso, “Yo antes dibujaba como Rafael, pero me llevó una vida entera aprender a dibujar como un niño” (Pág. 110).

Esta mente sin prejuicios estéticos, presumiblemente igual a la de los primitivos homínidos, se manifiesta espontáneamente en la expresión  imaginativa, creativa, alcanzando cotas que, aún hoy, despiertan el interés por la fenomenología psíquica de la evolución y nos permiten extrapolar concepciones, para explicarnos aquel salto cualitativo, desarrollado a lo largo de miles de años, que posibilitó la emergencia de nuestra condición humana. En la actualidad, autores como G. A. Bonnano (2004), consideran que más allá de los modelos patogénicos de salud, asumidos por la mayoría de los expertos, existen otros que generan confianza en la capacidad de aprendizaje y respuesta, a la hora de afrontar las dificultades, incluidas las traumáticas. La visión patogénica focaliza su atención en las debilidades del ser humano y concibe al sujeto que sufre una experiencia traumática como una víctima, que potencialmente desarrollará una patología. Pero, frente a semejante visión pesimista de la naturaleza humana, existen otras formas de entender y conceptualizar el trauma que, desde modelos más salutogénicos, entienden al individuo como un sujeto activo y fuerte, con una capacidad natural de resistir y superarse, a pesar de vivir adversidades. De esto precisamente nos hablaban una y otra vez los antiguos mitos y leyendas, desarrollando así esta orientación pedagógica salutogénica, que nos proponemos recuperar como una clave importante de evolución humana y que, por lo tanto, debería estar presente metodológica y conscientemente en las aulas y, para ello, en la formación del profesorado.

En este sentido, resulta interesante considerar la capacidad motivadora generada a partir de realidades objetivas, externas, o subjetivas, internas e imaginarias, que afectan las emociones y permiten asentar cambios, en relación con las conductas cotidianas y los valores. Veamos esta referencia de Manuel Sosa Correa (2008):

Tal es la importancia de las creencias o pensamientos acerca de los sucesos, que los filósofos escolásticos de fines de la Edad Media señalaron un rasgo curioso de la intencionalidad, al que llamaron “inexistencia intencional”. Esta terminología fue introducida de nuevo a la filosofía moderna por Franz Brentano en el siglo XIX, quien señala que no es necesario que exista el objeto de una emoción o de cualquier “acto mental”, como un objeto intencional. Por ejemplo, una persona puede enamorarse de un personaje que aparece en una novela o en una película, de alguien que no existe. A menudo las personas se enojan por sucesos que luego resulta que no ocurrieron, y se condolecen por supuestas pérdidas, que posteriormente se descubre que fueron informadas falsamente. Esos ejemplos suscitan tremendos problemas ontológicos, que han sido objeto de debates filosóficos durante siglos; pues el “objeto” de esas emociones no es un objeto real, y en consecuencia, la conexión entre la emoción y su objeto no puede ser la relación ordinaria entre sujeto y objeto. (Pág. 144)

Tomemos, por ejemplo, como base de referencia ambiental, para acercarnos a los primeros avatares antropológicos, en un intento de aproximación hermenéutica al tiempo del que no nos quedan más que leves indicios y sospechas, un “homo erectus” conmocionado, en un pequeño receptáculo oscuro de su caverna, con el recuerdo de la experiencia vivida durante la mañana. Supongamos que, cuando se esforzaba  en rescatar y matar un ciervo que había caído en uno de los agujeros excavados en el monte por los compañeros del clan, apareció una manada de lobos hambrientos. Se miran los cazadores con los ojos muy abiertos; la duda y el terror convertidos en gestos. Dirigen también su vista al ciervo, que patea en la trampa. Llevan tres días sin comer y no pueden desaprovechar la ocasión; sus tripas gruñen. Finalmente, el más decidido, toma con fuerza su palo bien afilado y endurecido al fuego, para arremeter contra las alimañas. Nuestro protagonista asiste como observador, paralizado por el pavor. Nunca se había visto en situación semejante. El osado cazador pudo golpear con tino a tres o cuatro lobos pero tuvo la desgracia de ser alcanzado. Sus compañeros, aterrorizados, no supieron reaccionar y el más experto se cargó con el joven dándose a la fuga,  mientras los animales tomaban las riendas de la situación y despedazaban al intrépido. Su sacrificio les permitió salvarse. Y las últimas imágenes de aquel que no pudo escapar quedan profundamente grabadas en los ojos desorbitados de  nuestro joven protagonista. Llegaron a la cueva protegiéndose con el fuego y el auxilio de piedras y palos en las manos de todo el clan. Él queda recluido, encogido en su agujero, temblando y sollozando sin consuelo. Los recuerdos de la escena se le repiten una y otra vez.

La  pesadilla se transforma en tétricas sombras que le persiguen cada vez que llega la noche. El muerto se le aparece en sus alucinaciones. Ve sus ojos llenos de sufrimiento, con el cuerpo empapado en sangre y desgarrado. Parece preguntarle silencioso por qué no lo ayudó para evitar la muerte. Y el joven coge entonces palos y piedras para socorrer al fantasma, pero los lobos se desvanecen al abrir los ojos. En su desesperación,  dibuja las imágenes en la tierra para descargar sobre ellas sus  tensiones. Aquello le produce un cierto alivio. Los demás se sienten atraídos por la curiosidad y él se esfuerza por explicar la escena. En tal ímpetu comunicativo, ante la necesidad imperiosa de desahogar su primitiva conciencia, alcanza el logro de articular los primeros signos, símbolos y sonidos.

La representación como apoyo de lo conceptual

Esta escena, reconstruida con la verosimilitud de lo probable, en forma de mito evocativo, puede ayudarnos como soporte de la reflexión abstracta. Como se dijo antes, podemos tomar la memoria y la imaginación como las características propias de la evolución humana, que suplieron otras formas de adaptación biológica al entorno. A través de ellas se pudieron fabricar las primeras armas  de caza y trampas, como el agujero para atrapar al ciervo o el palo afilado. La memoria les permitiría recordar otras ocasiones en que vieron animales atrapados por haber caído en una grieta o barranco estrecho y la imaginación les ayudaría a reproducir tal situación artificialmente. Con respecto a las lanzas o cuchillos de piedra, puede establecerse una relación entre los palos y los colmillos, que la memoria les representaría con sus funciones sumamente peligrosas, en relación con los animales que les atacan e incluso el uso de sus propios dientes, a la hora de masticar los alimentos o cortar tejidos más o menos blandos. El siguiente paso sería utilizar incisivos que encontraran en esqueletos como puntas de lanza, buscando formas de sujetarlos a las mismas o aprovechar las astas de toros y ciervos, para llegar después a la manufactura de la piedra. Tales hechos quedan probados por los restos encontrados en  excavaciones y yacimientos arqueológicos.

Y el desarrollo de la memoria y la imaginación engendraría también la potenciación de pesadillas o evocación de situaciones impactantes, como la descrita, que generan a su vez la necesidad de simbolizar y expresar las emociones suscitadas. Comenzaría así una diferenciación entre el mundo de lo tangible y lo intangible, unido a la creencia de que los muertos siguen  existiendo en esa otra realidad onírica. El sentido de culpa del homínido, que no pudo acudir en auxilio de su compañero, le llevaría a la necesidad de expiación de donde, poco a poco, surgirían la magia y los mitos. Todo este proceso ha de entenderse en el transcurso de miles de años, con experiencias similares, paralelas o complementarias vividas por una gran cantidad de individuos diferentes y gestadas lentamente en la herencia genética o memoria biológica y cultural colectiva.

En la actualidad podemos constatar estructuras parecidas que impactan las conciencias y las sensibilidades psíquicas infantiles, generando dificultades de adaptación y aprovechamiento escolar en ciertos entornos sociales desfavorecidos, donde la agresión dentro del núcleo familiar o social callejero, sigue formando parte de la realidad cotidiana.

Nos acercaremos ahora a una cita de E. Cassirer (1945) que sitúa, desde otro ángulo conceptual, la misma aproximación evolutiva al símbolo:

     En el mundo humano encontramos una característica nueva que parece constituir la marca distintiva de la vida del hombre. Su círculo funcional no sólo se ha ampliado cuantitativamente sino que ha sufrido también  un cambio cualitativo. El hombre, como si dijéramos, ha descubierto un nuevo método para adaptarse a su ambiente. Entre el sistema receptor y el efector, que se encuentran en todas las especies animales, hallamos en él como eslabón intermedio algo que podemos señalar como “sistema simbólico”. Esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. Comparado con los demás animales el hombre no sólo vive en una realidad más amplia sino, por decirlo así, en una nueva dimensión de la realidad  (Pág. 47).

Esta nueva dimensión es el resultado de la introyección simbólica de las experiencias vividas y su recreación imaginativa, en el campo de la memoria. Y tal es la base de los mitos, que irán tomando “cuerpo emocional” o dinamismo interno en los individuos, hasta que consiguen expresarlos en los relatos que aparecen en todas las culturas. La realidad mítica, el mundo invisible o más bien intangible, de los dioses o los antepasados, es el mundo del sueño, tal y como observa M. Eliade (1999):

Los mitos totémicos australianos consisten la mayoría de las veces en la narración bastante monótona de las peregrinaciones de los antepasados míticos o de los animales totémicos. Se cuenta cómo, en el «tiempo del sueño» (alcheringa) —es decir, en el tiempo mítico— estos Seres Sobrenaturales hicieron su aparición sobre la Tierra y emprendieron largos viajes, parándose a veces para modificar el paisaje o producir ciertos animales y plantas, y finalmente desaparecieron bajo tierra. Pero el conocimiento de estos mitos es esencial para la vida de los australianos. Los mitos les enseñan cómo repetir los gestos creadores de los Seres Sobrenaturales y, por consiguiente, cómo asegurar la multiplicación de tal animal o de tal planta (Pág. 8).

Y tal mundo mítico u onírico ha sido el caldo de cultivo de  todo ese fenómeno complejo que denominamos con el apelativo de “cultura humana”. Desde los abismos más profundos de la inconsciencia, emergiendo como si del aroma de un puchero infinito se tratara, van surgiendo los símbolos que nos proporcionan las pautas radicales de conocimiento sobre la realidad. Así lo sugiere también C. G. Jung (1982):

Todo esto señala que el mito está emparentado con los productos de lo inconsciente. Y de ello no puede uno menos que deducir que un adulto en proceso de introversión encuentra primero reminiscencias infantiles regresivas (del pasado individual); y que si la introversión y la regresión se intensifican aparecen huellas primeramente vagas y aisladas, pero pronto cada vez más nítidas y numerosas de un estado espiritual arcaico (Pág. 55).

En las mismas formas difusas que M. Zambrano (1955, p.44) confiere a los dioses griegos en la penumbra de la conciencia, surgieron y continúan haciéndolo hoy los componentes básicos de nuestro mundo; las redes conceptuales que nos envuelven, como también dice E. Cassirer (1945) y que nos determinan en esa otra dimensión de la realidad, frente a la fenomenología física, genética, del resto de las especies biológicas:

La realidad física parece retroceder en la misma proporción que avanza su actividad simbólica. En lugar de tratar con las cosas mismas, en cierto sentido, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o en ritos religiosos, en tal forma que no puede ver o conocer nada sino a través de la interposición de este medio artificial. Su situación es la misma en la esfera teórica que en la práctica. Tampoco en ésta vive en un mundo de crudos hechos o a tenor de sus necesidades y deseos inmediatos. Vive, más bien, en medio de emociones, esperanzas y temores, ilusiones y desilusiones imaginarias, en medio de sus fantasías y de sus sueños (Pág. 48).

También se comprueba esta misma comprensión antropológica, desde otra perspectiva, en los mundos emergentes de K. Popper (1982):

…sugiero que el universo, o su evolución, es creador y que la evolución de animales sentientes con experiencias conscientes ha  suministrado algo nuevo. Al principio dichas experiencias eran de tipo más rudimentario y, posteriormente, de un tipo superior. Finalmente surgió esa especie de conciencia del yo y ese tipo de creatividad que, según sugiero, encontramos en el hombre.

 Con la emergencia del hombre, pienso que la creatividad del  universo se ha hecho obvia. En efecto, el hombre ha creado un nuevo mundo  objetivo, el mundo de los productos de la mente humana; un mundo de mitos, de cuentos de hadas y de teorías científicas, de poesía, de arte y de música.  (Llamaré a esto “Mundo 3”, en contradistinción con el mundo 1 físico y el Mundo 2 subjetivo o psicológico… (Pág. 17)

Tal cita engarza nuevamente con el pensamiento de E. Cassirer (1945), cuando dice:           

Hemos aprendido, precisamente en el campo de los fenómenos de la naturaleza orgánica, que la evolución no excluye cierto género de creación original; hay que admitir la mutación súbita y la evolución emergente (Pág. 55).

Pero no es un azar misterioso el que produce todos estos efectos, en una especie de mutación espontánea. La potencia física del mundo material emergente, todas sus posibilidades dinámicas precisan de una contrastación dialéctica, entendida en sentido amplio, metafórico. Los procesos  energéticos, atómicos, moleculares, orgánicos y vitales, se desarrollan en relación con el medio en el que se encuentran y las condiciones de éste, en cuanto a la presión, la temperatura y el tiempo. Igualmente cualquier animal desarrolla sus músculos y habilidades en la medida en que se ejercita interactuando con el medio. Así también las funciones simbólicas, lingüísticas, analíticas o la sensibilidad estética, entre otras, se desarrollan en los individuos humanos en función del esfuerzo realizado para dialogar con las circunstancias y sin éste queda atrofiada la función idealizadora, el proceso de abstracción, aunque se mantenga y transmita como un logro, como un potencial fijado en la herencia genética. En tal dirección apunta la siguiente cita de Platón (1988), quien ya veía con claridad tal necesidad dialéctica, aprendida al parecer de Sócrates y su mayéutica, para la formación del filósofo, de la persona en general, para alcanzar el logro del conocimiento o el áscesis que permitiera recuperar la contemplación de las ideas puras. Y para ello hace uso continuamente del mito, de la alegoría, de la metáfora, que permite desarrollar un diálogo más amplio, con mejores alas para el gran vuelo de las alturas ideales. Al fin y al cabo entiende que todo avance o investigación hacia el conocimiento es un proceso de aproximaciones progresivas, dada la gran dificultad de aprehender las esencias en sí mismas, aunque el desligamiento de lo tangible hacia lo ideal capacita para la deducción pura, cuya última fase debería ser el silencio, cuando ya es posible prescindir de los símbolos mediadores. Todo concepto, por tanto, no sería sino metáfora, más o menos certera, por más que nos esforcemos en precisar y definir con referencias lingüísticas  estrictas, con proposiciones asépticas sobre lo real.              

De las cosas mismas que configuran y dibujan hay sombras e imágenes en el agua, y de estas cosas que dibujan se sirven como imágenes, buscando divisar aquellas cosas en sí que no podrían divisar de otro modo que con el pensamiento. 

 – Dices verdad.

        – A esto me refería como la especie inteligible. Pero en esta su primera  sección, el alma se ve forzada a servirse de supuestos en su búsqueda, sin avanzar hacia un principio, por no poder remontarse más allá de los supuestos. Y para eso usa como imágenes a los objetos que abajo eran imitados, y que habían  sido conjeturados y estimados como claros respecto de los que eran sus imitaciones.

        – Comprendo que te refieres a la geometría y a las artes afines. 

        – Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirmo  que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios sino realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y, tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas, hasta concluir en Ideas (Platón 1988, Págs. 336,337).

Pero una vez llegados a este punto será preciso adentrarnos más aún, bucear, en ese océano de misterios que se oculta detrás de la claridad de la razón, para acercarnos todo lo posible a la realidad del símbolo y a su impacto sobre la conciencia, las emociones, la naturalidad y la artificialidad de la vida humana. Todo ello con el propósito de replantearnos la esencia del conocer, del aprender y del enseñar, en y desde la complejidad de lo humano, pre y post racional, en relación con los valores. Como concluye A. de la Herrán Gascón (2003), cuando trata de la complejidad y el caos en la didáctica:

Percibir que en todo proceso caótico hay un orden implicado es un paso importante en la comprensión de la complejidad de los fenómenos naturales y humanos. Pero percibir indisolublemente o en unicidad el orden, el caos, su lógica implicada y la finalidad última de ese orden, tanto intra como ultrasistémica, es sin duda un paso superior cualitativamente superior. Y dar este paso en la educación es un imperativo (Pág. 479).

Bibliografía citada

Bonanno, G.A. (2004). Loss, trauma and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 59, 20-28.

Cassirer, E. (1945). Antropología  Filosófica. México: Fondo Cultura Económica.

Eliade, M. (1999). Mito y Realidad. Barcelona: Kairos.

Gardner, H. (1987). Arte, mente y cerebro. Buenos Aires: Paidos Studio Basica.

Herrán Gascón, A. de la (2003). El siglo de la educación. Huelva: Hergué.

Jung, C.G. (1982). Símbolos de transformación. Barcelona: Paidós.

Platón (1988). Diálogos. Madrid: Gredos.

Popper, K. R. (1982). El yo y su cerebro. Barcelona: Labor Universitaria.

Rosen, J. N. (1975). Psicoanálisis directo. Madrid: Biblioteca Nueva.

Shepherd, G. M. (1990). Neurobiología. Barcelona: Labor.

Sosa Correa, M. (2008). Escala autoinformada de inteligencia emocional (EAIE). Validación de la Escala de Inteligencia Emocional Autoinformada. Tesis doctoral. Departamento de Psicología Básica II. Procesos Cognitivos. Universidad Complutense de Madrid.

Zambrano, M. (1955). El  hombre y lo divino. México: Fondo de Cultura Económica.

Zulliger, H. (1981). Fundamentos  de  psicoterapia  infantil. Madrid: Morata.

CODIFICACIÓN REGRESIVA

Para el desbloqueo emocional y la mejora en procesos de somatización

Dr. Juan Antonio López Benedí

          El método de la codificación regresiva se basa en la coordinación coherente del lenguaje conceptual con la asociación simbólica libre, natural en todo ser humano, como reflejo de la sensibilidad emocional y su representación subjetiva. Su operativa práctica ha demostrado ser muy efectiva en todos los casos en los que ha sido aplicada, desde 1987. Las personas tratadas con ella confirman siempre una sensación de bienestar inmediato en cada sesión, descrita como “alivio y ligereza”. Esta experiencia se traduce después en una mejora constatable, en algunas ocasiones con verdadero asombro, en las relaciones afectivas específicas tratadas. Estas últimas pueden ser en relación con terceros o con la misma persona, es decir en su autoestima y potenciación de habilidades sociales previas.

Esta metodología se encuentra especialmente indicada para quienes se dedican a la práctica de la psicoterapia y como complemento de otros procedimientos o técnicas terapéuticas, como puede ser la acupuntura, la reflexología, el masaje o el biomagnetismo, entre otras, además de la medicina alopática tradicional. Por su mediación se ofrece una sencilla aplicación altamente eficaz por los resultados que genera de forma inmediata. En ella se combina el sondeo del subconsciente de la persona, a través de imágenes oníricas o fantasías, con procesos de retroalimentación en un estado alterado de conciencia. En esta forma se supera la resistencia de los individuos que sufren procesos neuróticos, permitiendo ajustes que facilitan enormemente el trabajo terapéutico.

Aclaración de términos

Para evitar el sesgo que el término “hipnosis” ha planteado por su utilización en “el mundo del espectáculo” y sus posibles efectos secundarios, es preferible hablar de “alteración de la conciencia”. Se trabaja en ella desde un trance ligero, en una dualidad de conciencia con el fin de analizar y corregir los desequilibrios emocionales con rapidez. En pocas palabras, hace posible que el terapeuta actúe sobre la persona pasando de la actividad en el neocortex (pensamiento consciente) a la zona media del cerebro (procesos emocionales subconscientes), para disolver desde ahí sus bloqueos, fobias o experiencias dolorosas del pasado. Todo ello se vincula también con lo que se conoce como “sueño dirigido”. Este consiste es una técnica específica en el campo de la conciencia alterada, por medio de la cual se pueden reconducir los desequilibrios emocionales de las personas, una vez que los síntomas, causas y procesos neuróticos quedan claramente establecidos, dentro de la simbología onírica propia de cada cual, para canalizarlos y reconducirlos.

Antecedentes

John Nathaniel Rosen, psiquiatra estadounidense, publicó sus experiencias con técnicas que él denominó “psicoanálisis directo” aplicadas para la recuperación de la psicosis sin el uso de medicamentos, con resultados muy exitosos, en diferentes libros. Partiendo de estas propuestas, combinadas con mis propios trabajos e investigaciones relacionados con la hermenéutica de los sueños, así como de otros símbolos y desarrollos legendarios del imaginario colectivo, los procesos e investigaciones relativos a la hipnosis y la alteración de la conciencia, con pautas exclusivamente comunicativas, más las investigaciones llevadas a cabo por Paul Ekman, profesor de psicología de la Universidad de California, fui asentando la metodología operativa a la que se refiere el presente texto.

Bibliografía

EKMAN, P. (1991): Cómo detectar mentiras: una guía para utilizar en el trabajo, la política y la pareja. Barcelona. Paidós.

EKMAN, P. (2004): ¿Qué dice ese gesto? Barcelona. Integral.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1991): Cómo interpretar los sueños. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (1996): Hipnosis-Sofrología. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2008): Regresiones. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2009): El corazón inteligente. Barcelona. Obelisco.

LOPEZ BENEDI, J.A. (2013): La comunicación integral. Barcelona. Obelisco.

Rosen, J. N. (1978). Psiquiatría psicoanalítica directa. Madrid: Biblioteca Nueva.

Rosen, J. N. (1981). Direct Psychoanalysis. En R. J. Corsini (ed.), Handbook of innovative psychotherapies. New York: John Wiley & Sons, Inc. pp. 241-251.

Rosen, J. N. (1975, 1977). Psicoanálisis directo. 2 tomos. Madrid: Biblioteca Nueva.

El motor blando de Salvador Dalí

(Clave del éxito de su creatividad – 2)

Dr. Juan Antonio López Benedí

(Extracto del libro “La preñez congénita”, publicado por Ed. Horus en Madrid, 1992)

Tras considerar las ideas básicas sobre el método paranoico-crítico de Salvador Dalí, resulta necesario plantearse sus condiciones de posibilidad, su mecanismo; aquello a lo que él dio en llamar su “motor blando”. Con tal objetivo nos dejaremos llevar por su propia sugerencia para introducirnos en el tema: “Si se quiere penetrar en la magia del universo, es preciso liberarla energía espiritual que nosotros paralizamos con nuestros miedos1.

La magia del universo es la simbólica piedra filosofal, a la que ya hicimos referencia en el artículo anterior. Por medio de ella es posible lograr el juego y la transmutación de lo simple y vulgar en omnipotente y divino. Y para lograrlo, nos dice, “es preciso liberar la energía espiritual”. Esto sólo es posible si entendemos que está en nuestras manos hacerlo, cuando a nadie más compete y a ninguna causa ajena a nuestro ser responde. Esa energía, así lo entiendo, es el origen de nuestra creatividad. Pero nos advierte Dalí, en la cita, que habitualmente está paralizada por nuestros miedos. Y ese es el único impedimento para desarrollar la genialidadque en todos duerme. Ya lo dijo también nuestro romántico Gustavo Adolfo Bécquer:

“¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en elfondo del alma,

y una voz, como Lázaro, espera

que le diga: “¡Levántate y anda!”.

En el caso de Dalí, como el mismo afirma, esa voz fue la de Gala, su motor blando. A través de ella consiguió superar los miedos que en su vida precedente acumuló. Miedos que su psiquiatra, Pierre Roumeguère, relacionaba con una tragedia de su infancia; de su nacimiento mismo. Antes que él, sus padres tuvieron otro hijo que murió. Y heredó el nombre de su hermano: Salvador. Se vio así obligado a identificarse con un muerto. Y declara que no tenía otra imagen, verdaderamente sentida, de su cuerpo más que la de un cadáver putrefacto, blando, corrompido, roído de gusanos. Sus obsesiones sexuales estaban unidasa unas blandas turgescencias. Soñaba con formas cadavéricas, senos alargados, carnes que se ablandaban y fundían como la gelatina. Se vio en la necesidad de adoptar y sacralizar las muletas, tanto en sus sueños como en sus cuadros, para mantener en equilibrio su débil noción de la realidad.

Organizó su lucha contra la muerte impulsado por la fuerza trascendental de su espíritu, progresivamente liberado. Se invetó una vida ficticia, primero a través de Butxaques, su pequeño compañero, que podía ser la sustitución inconsciente de su hermano muerto. Después fue Dulita, quien protagonizó durante mucho tiempo sus sueños. Pero sus fantasmas no hacías más que exasperarsu deseo de vivir. Se sumía en crisis de risa o de masturbación y llegaba al paroxismo de sus angustias. Todo quedó resuelto al aparecer Gala. Ella fue su liberación fructífera. Le hizo poner los pies en la tierra y convertir sus fantasías en realidades transformadoras y productivas.

Por medio del método paranoico-crítico Salvador Dalí fue capaz de desafiar a la locura, salir victorioso y alcanzar el triunfo. Su secreto provenía del mundo de los sueños. Ese mundo nos es igualmente asequible a todos nosotros. Es una de las posibles aplicaciones de lo que denominé filosofía mística hacia la práctica de la psicoterapia. Fue la reacción creativa ante su desequilibrio. Siendo así, un gran tesoro aguarda en la oscura profundidadde nuestro inconsciente. En nuestras manos está transformarlo en arte, conocimiento, genialidad, felicidad, éxito, oro material… Si él fue capaz, nosotros también. ¿Cuáles son las claves? ¿Cómo se convirtió Gala en el motor blando de Salvador Dalí?

Nihilismo daliniano

Dalí descubrió el secreto dela minuciosidadatenta. En algún momento se hizo arte, aunque después fuera instrumento tan solo. Pero por medio de ella se alzó sobre la pereza que enla pintura moderna encontraba: su pereza. Veía disolverse, en cuadros desdibujados, la estética clásica y la belleza. Todo iba al traste y a la nada. Y esa nada era la suya. Su nada de muerte y de blandura, de podredumbre, lo acosó sin descanso. Su arma era el pincel y por eso quiso alcanzar con ella la precisión de un cirujano. Quería diseccionar la muerte. Quería matarla y salvarse. Se sentía condenado, desde antes de nacer, por una disolución cruel de su existencia. Por ello arremetía contra sus contemporáneos y se revolvía contra la evolución del arte; contra la evolución. Se hizo conservador hasta la médula y le acusaron de nazzi. Sin duda lo era. ¡Cómo no iba a serlo! Enel progreso social veía la corrupción de su propia historia corrompida. Necesitaba ser retrógrado para salvarse. Para salvarsede su propia inexistencia. Teniendo este sentido claro aún podía concebir la esperanza. Lafortuna era, pensaba, su tabla de salvación. Y tras ella estaba Gala. Gala lo tiranizó; fue su ama. Pero Dalí necesitaba a Gala y necesitaba que fuera así: su motor blando. “Gala me aportó -confiesa-, en el recto sentido de la palabra, la estructura que faltaba a mi vida. Yo sólo existía en un saco lleno de agujeros, blando y difuminado, siempre en búsquedade una muleta. Y uniéndome a Gala encontré una columna vertebral, y al amarla adquirí cuerpo. Mi virilidad, hasta entonces, se perdía en la masturbación, como arrojadaa la nada; con Gala, la recuperé, y me verifiqué con ella. Primero creía que Gala iba a devorarme; pero, por el contrario, ella me enseñó a comer lo real. Firmando mis cuadros Gala-Dalí, no he hecho más que dar un nombre a la verdad existencial, puesto que sin mi gemelo Gala, ya no existiría”2.

Con Gala conquista el derecho a vivir, a expresar su patológica genialidad, con la capacidad de alejarse de sus fantasmas. Dalí trató de encarnar el superhombre nietzscheano, el que continuamente se supera a sí mismo. En esta lecturadel pensador de Zaratustra, Gala fue el sentido de la tierra. Y por ello pudo llegar a concebir su pintura como gastronómica, espermática, existencial. No es intelectual ni sentimental. Dalí no siente nada, no experimenta ninguna emoción, nada le conmueve; ni siquiera su vida amorosa. “Mi inteligencia no se apoya en la emoción; está, por el contrario, protegida, y de hechopuede desenvolverse con omnisciencia. Mi pintura es esa parte esencial de mi existencia que se sitúa en el “agujero” de mi ser entre lo vivido sensorial y físico y la inteligencia arbitraria. Pinto para ser y unir todas las fuerzas de mi yo. Y a través de mi obra, que es mi vida, exploro los más altos secretos humanos. Con ello, cada una de mis floraciones es una cosecha para toda la humanidad3.

Pero esa cosecha es la del trágico debate ante el nihilismo, la decadencia y la podredumbre. Y tuvo razón, después de todo, porque hoy más que nunca se precisa el sentido, la capacidad, para salvar el vacío de la existencia. “Yo, Dalí, siempre en fragante delito de no socorrer a nadie en peligro, sólo puedo vivir en el stress. Mi método paranoico-crítico, siendo como es el vigía de mi deriva, me lleva de mutación explosiva en mutación explosiva, y no puedo hacer otra cosa que dar a conocer la sismografía de mi verdad viva4. Con su devenir de loco realista nos hace ver que, en nuestra locura social de hoy, sigue habiendo posibilidades.

Un cuadro de Dalí

Reflexionemos sobre uno de sus cuadros. Un cuadro extraño, como todos, poco conocido y oculto entre sortilegios. Ante los ojos públicos de una sala, en la Reynolds Morse Foundation de Cleveland( USA), este cuadro, “Daddy Longlegs of the Evening… Hope!”, de 1940, con el título castellano de “Araña de la tarde, esperanza”, oculta, profetiza y desvela la tétrica estampa de su tragedia permanente. En él sealza el vértigo de la nada, el cáncer del espíritu, como el caballo de su potencia corrompido. Un cañón, como símbolo fálico, apoyado en su bastón sufrido, lo dispara en la angustiosa suavidad de una libertad cercana y deshilachada. Ese caballo blanco debería ser el éxtasis de una sexualidad potente. Pero en él se encuentra ya, desde su mismo origen, marcado por la muerte repugnante y devoradora. La esperanza de salvación se perdía en sus recuerdos, como esa victoria inconsistente que, tomando por brazos las patas delanteras del caballo putrefacto, se disuelve en un grandísimo pie blando, doblemente inútil. Su victoria sobre la muerte, su libertad, no tenía ni pies ni cabeza. Y la penosa impotencia del cañón queda, para mayor claridad, confirmada por ese seno de mujer largo, blando y solo. Completamente impracticable y falto de sentido. El que podía ser atractivo sensual entra en el doble pie, doblemente blando, con restos de reptar sibilino.

La iluminación, que apunta en esperanza con la araña de la tarde, se encuentra sobre el rostro de Dalí, el “gran masturbador”. Por ella se siente salvador del arte moderno y por ella encuentra las razones fundamentales de su poder imperialista sobre los marchantes. Convirtió su pintura en un negocio multinacional; en una gran empresa. Y ante tal osadía se escandalizaron las pudorosas miradas de los artistas que, como el niño alado del ángulo inferior izquierdo, se taparon los ojos y señalaron su desvergüenza y corrupción. Así se sentía Dalí como profeta que indicaba el rumbo a seguir a las ingenuas generaciones que le sucedieran. Él quería desvelar la verdad, el secreto de su inagotable tesoro, de donde brotaban los rasgos maestros de una verdad que pronto sería universal. Pero fue incapazde ver, con plena consecuencia, que la corrupción anunciada, el salto abismal de la nada estrepitosa era, principalmente, personal. El secreto de la salvación humana no dependía de él. Está al alcance de todos.

Antes de seguir, merece Dalí ser atendido frente asu obra. Él también habla del cuadro y lo considera expresión perfecta de la realidad de su drama profundo. Y esta nota suya fue la que me impulsó a tratarlo aquí. Comienza por destacar al “niño de alas angélicas, sentado en el ángulo inferior izquierdodel cuadro”, tapándose los ojos para no ver el “cañón sexual”, con su muleta, de donde surge “un caballo de órbitas vacías, cuerpo musculado y ya devorado por la putrefacción cuyas patas delanteras forman los brazos de una victoria alada, acabándose ésta en un pie gigantesco y derretido que se une a un largo seno blando que cae también del cañón como esperma5.

Esta cita, sacada del libro Confesiones inconfesables, me permite confrmar la interpretación de que, junto con el caballo putrefacto, del cañón sale un seno blando y no el avión blando que otros creen ver6, como profecía daliniana del papel que desempeñaríanlas fuerzasaéreas en la Segunda Guerra Mundial. Sirva talpuntualización para hacernos reflexionar sobre la diferencia que existe entre analizar un sueño de otro y soñar (o proyectar) a partir de una imagen onírica ajena. Nosotros estamos interesados en descubrir la mejor forma de aproximarnos al simbolismo inconsciente, lo cual implica sensatez y rigor inteligente, metodológico. Quienes interpretan profecías, con la perspectiva histórica del tiempo pasado, juegan con la demagogia y manipulan a los incautos. Aparte de lo anterior y tomado como excusa intencional, si Dalí vio convertirse, en algún momento, el seno seminal en avión blando, sea bienvenido su don de profecía bélica. Tal explicación no sería de extrañar conociendo la admiración que sintió el pintor por las máquinas, como puede verse por una carta que dirigió, en abril de 1927, a Federico García Lorca, donde dice: “Yo pienso esto: ninguna época había conocido la perfección como la nuestra; hasta el inventos de las Máquinas no había habido cosas perfectas, y el hombre no había visto nunca nada tan bello ni poético como un motor niquelado. La máquina lo ha cambiado todo”7.

Continuaré, no obstante, profundizando en la simbología del cuadro onírico para extraer después las jugosas consecuencias que podremos aplicar a nuestras propias maquinaciones. Delante del cañó-pene, una mujer blanda y rota en dos, sostenida por la rama de un árbol plantado en un cuadrado geométrico, toca un violoncelo blando con un arco viscoso. Dalí apunta, inseguro, una primera interpretación que utilizaré como base: “Dejo a otros el cuidado de interpretar y decir si el niño ángel es mi hermano y el caballo fogoso que surge del cañón soy yo mismo; si el cañón es la bita de mi padre ya maduro y la mujer mi madre, y si el violoncelo simboliza los gemidos provinientes del lecho conyugal que, a su vez, está figurado por el árbol plantado en el rectángulo. Lo que sí puedo decir es que esa blandura, esa viscosidad, esa gelatina, comunican, para mí, la sensación vital que tuve durante tanto tiempo de mi cuerpo y de la vida de mi ser”8.

Una interpretación freudiana

Dalí pasó una época, la que puede considerarse más plenamente surrealista, que termina aproximadamente por el tiempo en que pintó el cuadro que analizamos aquí, con una auténtica obsesión freudiana. Logró incluso convencer al novelista Stefan Zweig para que le consiguiera una entrevista con el padre del psicoanálisis. Esta tuvo lugar en Londres el 19 de julio de 1938. Aldía siguiente Freud le comunicó a Zweig sus impresiones: “Ciertamente -le escribió- tengo que agradecerle las palabrasde presentación que me trajeron los visitantes de ayer -acompañaba a Dalí el escritor y coleccionista inglés Edward James, uno de sus mecenas-. Según parece, hasta ese momento estuve tentado de considerar a los surrealistas, quienes por lo visto me han elegido como su santo patrón, por rematadamente locos (digamos que al 95% como el alcohol absoluto). El joven español, con sus cándidos ojos de fanático y su innegable maestría técnica, me ha incitado a reconsiderar mi opinión. Sería, en efecto, muy interesante estudiar analíticamente la génesis de un cuadro de esta clase. Sin embargo, desde el punto de vista crítico siempre cabría decir que la noción de arte se resiste a toda extensión cuando la proporción cuantitativa entre el material inconsciente y la elaboración preconsciente no se mantiene dentro de unos límites determinados. Se trata, en cualquier caso, de serios problemas psicológicos…”9.

La entrevista produjo un impacto muy profundo en Dalí. Una cierta decepción le haría cambiar el rumbo de su obra. El 2 deenero de 1939 le escribía en una carta a André Breton que Freud “observó, al mostrale un cuadro mío, que en la pintura de los antiguos se tiende enseguida a buscar lo inconsciente, mientras que cuando se mira un cuadro surrealista el pensamiento se ve inducido en seguida a buscar lo consciente...”10. A partir de entonces Dalí trató de recuperar un cierto estilo clásico, de los maestros renacentistas, en su pintura. Trató de recuperar su búsqueda vital en el inconsciente.

Lo anterior nos permite concluir que el enfoque que da a su cuadro es plenamente freudiano, como se desprende también de la interpretación apuntada por él mismo y que antes considerábamos. Se hace necesario, pues, partir de él. Allí encontramos la tensión que siente desde la relación sexual de sus padres, por medio de la cual fue concebido para sustituir al fantasma de su hermano. A través del desgarramiento de sus progenitores fue engendrado con una prepotencia falsamente victoriosa y cadavérica. La solución que tomaron pecaba en la impotencia. Existía, sin embargo, una esperanza: la de la araña dela tarde en el rostro del “gran masturbador”. El narcisismo sería la basepara la salvación de Dalí. Un narcisismo que “tomaba tierra”, como el rostro. Y esa toma de tierra era Gala: su motor blando. Como ya se vio antes, Gala permitió a Dalí adquirir corporeidad; dejarde ser un fantasma.

A modo de conclusión

El nihilismo de Dalí puede ser también el nuestro, el que puede llevarnos a la depresión por falta de sentido existencial. Para hacer frente a tal tragedia vital, si así fuera, necesitaríamos también un motor blando, como lo fue Gala para Dalí. Pero cada cual ha de encontrar el suyo, sin que necesariamente se identifique con otra persona. Sea cualseanuestro conflicto, crisis o incertidumbre, queda siempre una esperanza. En algún rincón de nuestro espíritu, de nuestro inconsciente, puede encontrarse algún elemento semejante a esta simbólica araña de la tarde11 que nos diga:

¡Mírate bien! Tú vales mucho. Deja de soñarcomo un fantasma y aprende a latir con el sentido de la tierra. Vive tu existencia desde cada sensación.¡Toma cuerpo! Comienza desde este instante a transformar cada pensamiento en obra; cada impulso en creación. Descubre el secretode tu minuciosidad atenta y que no pase ni un segundo más sin que el mundo reciba la huella: el sello personal de tu ser. Pero recuerda: “Obras son amores y no buenas razones”.

1DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 352.

2DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 356.

3DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 356, 357.

4DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 360.

5DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 355.

6SANTOS TORROELLA, R.: La miel es más dulce que la sangre.Ed. Seix Barral. Barcelona, 1984. Pág. 191.

7SANTOS TORROELLA, R.: La miel es más dulce que la sangre.Ed. Seix Barral. Barcelona, 1984. Apendice A. Pág. 241.

8DALÍ, S.: Confesiones inconfesables. Ed. Mundo Actual. Barcelona,1975. Pág. 355.

9Cita recogida por SANTOS TORROELLA, R.: La miel es más dulce que la sangre.Ed. Seix Barral. Barcelona, 1984. Pág. 15.

10SANTOS TORROELLA, R.: La miel es más dulce que la sangre.Ed. Seix Barral. Barcelona, 1984. Pág. 16.

11La relación de la araña de la tarde con la esperanza o la suerte, proviene de un dicho popular francés: “Araignée soir, espoir”.

La paranoia crítica de Salvador Dalí

(Clave del éxito de su creatividad)

Dr. Juan Antonio López Benedí

(Extracto del libro “La preñez congénita”, publicado por Ed. Horus en Madrid, 1992)

El manifiesto bretoniano define el surrealismo como el automatismo psíquico puro, por el cual se intenta expresar verbalmente o por escrito, o por algún otro camino, el proceso real del pensamiento, libre de cualquier control de la razón y de cualquier otra preocupación estética o moral. Salvador Dalí fue un surrealista consecuente. Convirtió su vida entera en una obra de este tipo. Para él, las propuestas del manifiesto no eran un lujo neoburgués sino una forma de vida íntegra y necesaria. Por ello proclamó: “El único surrealista soy yo”. Fue lo suficientemente osado como para retar a la locura. Su paranoia crítica le mantenía continua y conscientemente en el límite exacto entre el equilibrio y el desequilibrio mental. Otra de sus definiciones era: “La única diferencia entre un loco y yo es la de que yo no estoy loco”. ¿Cuál fue el sueño vital de Salvador Dalí? ¿Fue realmente un genio? ¿Fue un loco bien vendido?

Vivir el sueño de la vida sin dejar de soñar ni razonar

Para comenzar a hablar de Salvador Dalí, para penetrar con un mínimo de sentido, en su vida soñada de soñador consciente, es imprescindible entender el método que él denominó paranoico-crítico. Este fue formulado en el origen de su salto a la genialidad creativa, en 1930. Y él mismo lo declara, treinta años después, como el secreto de su éxito.

Se hace eco, en sus escritos de los años sesenta, del interés que, especialmente los americanos, mostraban por conocer el secreto de su éxito, que pone en relación directa con su método: la paranoia crítica. Declara haberlo practicado con fortuna desde que lo inventó, aunque no pudiera decir exactamente en qué consistía. Su esfuerzo retrospectivo le lleva a definirlo como “la sistematización más rigurosa de los fenómenos y materiales más delirantes, con la intención de hacer tangiblemente creadoras mis ideas más obsesivamente peligrosas”. Pero advierte que tal método “no funciona si no se posee un motor blando de origen divino, un núcleo viviente, una Gala –y sólo hay una”. Con todo respeto, me permito estar en desacuerdo con su advertencia, como pretendo mostrar y exponer suficientemente en este trabajo. Sí es posible encontrar un motor blando de origen divino diferente de Gala. Lo veremos luego, con un poco más de detalle, aunque ya lo he ido planteando en los capítulos precedentes.

Me resulta curioso observar la escasa referencia que se ha hecho en España a este método germinal de su genio creador[1]. Apuntada esta constatación, no pretenderé escudriñar sus razones. Lo que sí me propongo es avanzar a través de los singulares pasadizos del instrumento genético, en sentido creativo, que el pintor utilizara.

También André Breton consideraba que Dalí había dotado al surrealismo con un instrumento de primerísimo orden, por medio de su método paranoico-crítico, que puede ser aplicado indiferentemente a la pintura, la poesía, el cine, la construcción de objetos surrealistas típicos, la moda, la escultura, la historia del arte e incluso a cualquier tipo de exégesis.

Una de las repercusiones del método era que sus enemigos, amigos y el público en general no comprendían el significado de las imágenes que aparecían en sus cuadros. Él mismo confiesa que, aun siendo el autor, tampoco las comprendía. Eso no quiere decir, no obstante, que fueran realmente sin-sentidos. Existe una lectura posible. Pero su significado es tan profundo, complejo, coherentemente involuntario, que escapa al mero análisis lógico. Con el método paranoico-crítico fue capaz de zabullirse en las oscuras aguas de lo inconsciente, manteniendo siempre “el hilo de Ariadna” de la razón y la precisión técnica. Pudo vivir la locura sin perderse en ella y plasmar los contenidos de ese mundo prohibido para el resto de los mortales sanos.

En pocas palabras, este método paranoico-crítico consiste en dejarse invadir continuamente por todos los impulsos, sensaciones, imágenes y repulsiones inconscientes, sin condiciones ni prejuicios; vivirlos conscientemente y llevarlos hasta sus últimas consecuencias en actos, representaciones y objetos materiales.

La paranoia crítica en acción[2]

Como ejemplo, él mismo relata un día en Nueva York, vivido según su método. Soñó una noche que era autor de muchos excrementos blancos, muy limpios y muy agradables de producir. Al despertarse le comunicó a Gala que ese día encontrarían oro. Inmediatamente relacionó su sueño con la gallina de los huevos de oro y el asno legendario que, cuando se levantaba la cola, defecaba monedas de oro.

Comenzó a imaginarse convertido en crisol de alquimista y había proyectado, para la medianoche, reunir en el Champagne-Room del Morocco a un grupo de amigos, entre los cuales destacaban la cuatro modelos más llamativas de la ciudad, que resplandecían ya en su imaginación como el anuncio de un posible Parsifal. Se había propuesto resucitar, incorporar a su propia vida, el personaje legendario durante la jornada. Y así comenzó a estimular su capacidad de acción. A las once salía de la habitación de su hotel con dos objetivos concretos: realizar una fotografía de tipo irracional en el estudio de Philippe Halsman y, antes de la comida, procurar vender el cuadro “Santiago de Compostela, patrón de España” al millonario americano Huntington-Hartford.

Por casualidad, dirigiéndose a la planta baja, el ascensor se detiene en el segundo piso, donde una multitud de periodistas le esperaban. Había olvidado una rueda de prensa en el transcurso de la cual debía presentar el proyecto de un nuevo frasco de perfume. Le fotografiaron recibiendo el cheque, que guardó cuidadosamente, encontrándose en la necesidad de corresponder con lo estipulado en el contrato. Esto contrariaba sus planes. Pero, sin vacilar, tomó de un fotógrafo una bombilla de flash fundida. Era azul anís. La exhibió, cual dorado tesoro, y lanzó su idea: No hay dibujo; la bombilla es el modelo ya terminado. Apretó la lámpara contra la mesa hasta conseguir deformar su redondez y sujetarla. El casquillo sería el tapón de oro. Todos quedaron extasiados. Y alguien exclamó: “¡Eso es el huevo de Colón!”. Al pedirle el nombre del nuevo perfume proclamó: “¡Flash!”. La siguiente pregunta fue que definiera la moda. “Lo que pasa de moda”, respondió. Y por fin, alejándose, le pidieron una idea sobre lo que deberían llevar las mujeres. “¡Tetas en la espalda!”, fue su contestación.

–         ¿Por qué?

–         Porque las tetas contienen leche blanca capaz de crear un efecto angelical.

–         ¿Hace usted alusión a la blancura inmaculada de los ángeles?

–         Hago alusión a los homóplatos de las mujeres. Si se hicieran surgir de ellos dos chorros de leche, prolongándolos, y se obtuviera una fotografía estroboscópica del resultado, se tendría exactamente “alas de ángel con gotas”, parecidas a las que pintó Memling.

Y con este propósito se dirigió al estudio de Philippe Halsman, para darle una expresión objetiva. Pero el fotógrafo no se encontraba preparado para plasmar su idea. Decidió entonces cambiar la imagen por “la historia capital del marxismo”. Sustituyó las gotitas por seis aros de papel blanco atados a sus bigotes. En cada uno de ellos Halsman colocó las fotografías de Karl Marx, con su barba de melenas leoninas; de Engels, con su barba más reducida; de Lenin, casi calvo, con bigote y escasa perilla; de Stalin con pelambrera espesa en bigote; de Malenkov, todo afeitado. El último aro lo reservó en blanco para Kruschev, pelado. Y con este círculo sin rostro llegó a casa de Huntington-Hartford, para enseñarle la reproducción del cuadro de “Santiago”. Pero en el ascensor decidió dejársela al empleado para que se la entregara al príncipe Alí Khan, que vivía en el piso de arriba. Entró en la casa del millonario con las manos vacías, a excepción del aro blanco de papel colgando de un hilo. La situación era absurda y le hacía gracia. Estaba seguro de que algo se le ocurriría para salir airoso de ella. Se trataba de una ocasión perfecta para aplicar nuevamente el método paranoico-crítico.

Cuando se le preguntó por la reproducción, confesó que no la llevaba y que tampoco el cuadro estaba disponible. En ese mismo momento tuvo la impresión deque su obra había de venderse en Canadá, como realmente ocurrió un tiempo después y resultó que la compradora fue la esposa del fabricante del ascensor en el que había subido. A Huntington-Hartford ofreció pintarle a cambio otro cuadro que llevaría por título “El descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón”. De esta forma enlazaba con el precedente huevo de Colón, en el interior del cual crecía El Capital de Karl Marx. Y tal permutación fue como un acto profético. El museo de su cliente se levantaría en el “Columbus Circle”, frente al único monumento a Cristóbal Colón, aunque todavía no lo sabía. Así concibió otro de los huevos de oro de su sueño, desarrollado a partir del aro blanco de papel y la bombilla.

Durante la comida, aquel mismo día, le llamaron de Palm Beach. Winston Guest le encargó una ”Virgen de Guadalupe” y el retrato de su hijo, cuyo cabello recortado recordaba a Dalí la imagen de un polluelo (fruto de un huevo). Y al regresar del teléfono, desde una mesa vecina, le solicitaron para hacer un huevo esmaltado, dentro de la tradición Fabergé. Este huevo iba a servir como estuche para una perla (esfera blanca y valiosa).

Debido a la agitación, sintió una cierta molestia digestiva. Su apetito se vio reducido a la ingestión de dos huevos pasados por agua y pan tostado.

Llegó la noche y el Champagne-Room se encontraba preparado. El erotismo de la fiesta se anunciaba en la penumbra. Parsifal llegaba y su proximidad inducía a nuestro pintor ala virtud mística. Como contraste del contacto matinal con príncipes y millonarios se sintió impelido a descender a las cuevas de los gitanos. La Chunga actuaba para los refugiados españoles en Greenwich Village y allí se dirigió. A su llegada se vio asaltado por los flashes de los fotógrafos. Los fogonazos le marcaron los ojos y le impusieron la imagen continua y múltiple de huevos de luz, aun con los párpados cerrados. Tal violación se convirtió en indigestión. Volvió al hotel y allí vomitó copiosamente, defecando al mismo tiempo. Se acostó bañado en un sudor frío. Estaba fabricando el rocío de los alquimistas.

Por medio de un emisario se disculpó ante sus invitados y dio la orden en el Champagne-Room para que fuera servida la cena. El Parsifal de medianoche tuvo lugar en un encuentro virginal y ausente, de otra dimensión, mientras Gala y Dalí dormían el sueño de los justos.

A la mañana siguiente Dalí pasó revista a su alquímica jornada anterior. Con el estallido de un huevo (la bombilla fundida del flash y los aros de papel) había pegado en su bigote la historia del marxismo. Logró introducir el cuadro de Cristóbal Colón en el interior de un museo de mármol (blanco y duro como cáscara de huevo), tres años antes de que se construyera. Cosechó con los jazmines eróticos de Gala, un acopio de perfección mercantil, de huevos blanquísimos, que superaban todo lo visto en el encuentro con sus ideas. La cifra lograda había sido exorbitante. Había vivido intensamente y agonizado al extremo. Absteniéndose de comer vomitó y se desprendió de una gran cantidad de materia. Y todo ello lo proclamó Dalí como reto. Estaba dispuesto a recibir, en el centro de su pecho, la primera piedra de quien pudiera superarle. Y estaba atento. Tal piedra, a su entender, no podía ser más que la de los filósofos; la clave de la transmutación perfecta.

Paranoia crítica y sincronicidad

La experiencia que Dalí relata coincide con lo que C. G. Jung denominó sincronicidad. Tal concepto fue acuñado ante la insuficiencia mostrada por el principio de causalidad para explicar ciertos “fenómenos extraños de la psicología inconsciente”. El tiempo comenzó a aparecer, ante la profunda mirada del psicólogo, como un continuo concreto “que contiene cualidades y condiciones básicas que, con relativa simultaneidad, pueden manifestarse en diversos lugares, en un paralelismo que no puede explicarse causalmente, como por ejemplo en los casos de la aparición simultánea de pensamientos, símbolos o estados psíquicos idénticos”[3].

Por otra parte, el método daliniano de la paranoia crítica y el concepto junguiano de sincronicidad fueron acuñados a lo largo de unimisma época, entre los años treinta y cincuenta del siglo XX. Y en esos años se une a otro de los eventos científicos que aporta un sustento conceptual suficiente a tal investigación: la mecánica quántica y la discontinuidad del espacio físico.

Coincidencias análogas a las descritas anteriormente sólo serían concebibles como puras casualidades. Sin embargo, cuanto más se acumulan y cuanto mayor y más precisa es la concordancia tanto más disminuye su probabilidad y tanto más aumenta su inverosimilitud. No pueden pasar por simples casualidades. La dificultad a la hora de explicar tales hechos no consiste en que la causa sea desconocida sino en que no resulta concebible tal causa con nuestros medios de comprensión habituales. Y por ello Dalí declara que no comprende los resultados de su método. No puede explicar su funcionamiento más que por medio de la exposición de los fenómenos del mismo.


[1]              Después de publicar este texto aparecieron más artículos y referencias al respecto

[2]              Lo relatado en este apartado está basado en el libro DALI, S.: Diario de un genio. Barcelona. Ed. Tusquets 1983. Con respecto ala temática de la paranoia crítica puede verse también el libro DALI, S.: OUI. Pour une révolution paranoïaque-critique. Paris. Ed. Denoël, 1971.

[3]              JUNG, C.G.: Zum Gedächtnis Richard Wilhem en Das Geheimnis der Goldenen Blüte. 5ªed.1957.Pág. XVII. Citado en el glosario de JUNG, C.G.: Recuerdos, sueños, pensamientos. Barcelona. Ed. Seix Barral, 1986.

¿POR QUÉ SE HABLA TANTO DE CRISIS DE VALORES?

Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

RESUMEN Y PALABRAS CLAVE

Este artículo tiene como objetivo reflexionar sobre la educación en valores. Su orientación es teórica y se encuentra respaldada por la investigación llevada a cabo en la tesis doctoral “La educación en valores desde la hermenéutica de los mitos y las leyendas: el vellocino de oro”. Las conclusiones de la tesis apuntan, primero, a que existen carencias en la educación actual, relacionadas con las posibilidades de establecer vínculos afectivos motivadores para la educación en valores. En segundo lugar, se concluye que el empleo de los mitos y las leyendas, como referentes didácticos, puede facilitar la empatía necesaria para el trabajo con los valores en el aula. Esta reflexión nos lleva a entender por qué se produce la llamada “crisis de valores” y ofrece unas propuestas de solución.

Palabras clave

Educación en valores, didáctica, mitos y leyendas, hermenéutica, formación del profesorado.

ABSTRACT & KEY WORDS

This article aims to reflect on values education. Its orientation is theoretical and is backed by research performed in the doctoral thesis “Education in values from the hermeneutics ofthe myths and legends: the golden fleece.” The conclusions of the thesis suggest, first,that there are gaps in current education opportunities related to bond motivators for education in values. Second, we conclude that the use of myths and legends, such asteaching references, can provide the necessary empathy for working with values in the classroom. This leads us to understand why there is socalled “crisis of values” and offer ssuggested solutions.

Key words

Values education, teaching, myths and legends, hermeneutics, training teachers.

¿Crisis de valores?

Lo que nos sugiere J. Binde (2005) es que se habla tanto de crisis de valores porque si no se toman ya las medidas oportunas, nuestro planeta, la especie humana y la civilización están condenados a desaparecer. Por ello se hace necesario configurar un nuevo contrato social, sentar las bases de una ética para el futuro. En este sentido, desde la UNESCO, se preguntó a quienes generan un cierto peso en la comunidad internacional1. Tal como lo señala su director general, Koichiro Matsuura en el prólogo de la referida obra, “la crisis por la que atravesamos no es una crisis de valores en sí, sino del sentido de éstos y de nuestra aptitud para gobernarnos y orientarnos”.

Deberíamos entender, por tanto, que la crisis de valores no consiste en una ausencia de éstos sino en una desorientación frente a qué rumbo seguir en la vida y qué valores tener como referencia para lograrlo. Los valores no entran en crisis. Mientras algo satisfaga nuestras necesidades o nos proporcione placer o bienestar, ese algo nos servirá como referencia de valor y no estará en crisis. Por otra parte, si no satisface nuestras necesidades, por más que otros lo proclamen, no tendrá para nosotros ningún valor.

__________

1 Participan en el libro “¿Adónde van los valores?”: George J. Annas, Arjun Appadurai, Mohammed Arkoun, Adalberto Barreto, Jean Baudrillard, Hélé Béji, Aziza Bennani, Jérôme Bindé, Denise Bombardier, André Brahic, Fay Cheng, Jacques Delors, Jacques Derrida, Meghnad Desai, Souleymane Bachir Diagne, Thierry Gaudin, Nadine Gordimer, Jean-Joseph Goux, Claude Hagège, Ryuichi Ida, Jeliou Jelev, Axel Kahn, Paul Kennedy, Julia Kristeva, Michel Maffesoli, Victor Massuh, Koichiro Matsuura, Achille Mbembe, Elikia M’Bokolo, Candido Mendes, Luc Montagnier, Edgar Morin, Salikoko Mufwene, Thomas Odhiambo, Eduardo Portella, Nicolas Prantzos, Paul Ricoeur, Jeremy Rifkin, Francisco Sagasti, Pierre Sané, Michel Serres, Daryush Shayegan, Peter Sloterdijk, Roger Sue, Jacques Testart, Trinh Xuan Thuan, Mostafa K. Tolba, Alain Touraine, Gianni Vattimo, Wolfgang Welsch, Edward O. Wilson.

Retomando algunas de las consideraciones que nos plateábamos en el marco teórico de la investigación desarrollada en la tesis doctoral “La educación en valores desde la hermenéutica de los mitos y las leyendas: el vellocino de oro”, en relación con la reflexión que nos ocupa, podríamos entender que la crisis de valores guarda relación con la sobresaturación de información, conocimientos y creaciones intelectuales que nos van cubriendo, individual y colectivamente, con un cierto velo transparente y fino, generador de perplejidad e incapacidad para orientarnos con rumbos claros, generados desde la coherencia cerebro-corazón.

Por ello mismo, siguiendo a G. Lakoff y M. Johnson (2009), podremos aprovechar las metáforas y alegorías sugeridas por mitos y leyendas para revitalizar, construir o crear rumbos de valores humanos que nos ayuden a encontrar respuestas en nuestro momento social, desde la educación y formación del profesorado.

Inadecuación entre valores existentes y fines planteados por diferentes grupos

Si no conseguimos ajustar de forma coherente la satisfacción de necesidades de unos grupos o personas en relación con los otros, es decir, generar coherencia entre las múltiples referencias de valor existentes, seguirá habiendo conflictos de intereses que generen enfrentamiento. Las conversaciones mantenidas con los expertos entrevistados, así como las opiniones recogidas en diferentes debates y foros, que se presentan y analizan en la investigación, nos orientan hacia la idea de que mientras haya una diversidad ideológica, ética y cultural en conflicto, con valores contrapuestos o incompatibles, se seguirá hablando de crisis de valores.

Por otra parte, los datos y reflexiones encontrados a lo largo de nuestra investigación parecen respaldar y coincidir con las propuestas de G. Lakoff y M. Johnson (2009). Siguiendo el curso de nuestras visiones convergentes, concluiríamos que se precisa de una orientación metodológica diferente, como la que se trata de establecer a partir de la investigación referida, conscientes de que no caben recetas fáciles, a la vez que también se aceptan las propias limitaciones y restricciones metodológicas, por lo que resulta imprescindible seguir trabajando, investigando, en la línea propuesta.

Se trata de una cuestión de base. Mientras haya necesidades diferentes en las personas o grupos sociales, con orientaciones de satisfacción contrapuestos, el conflicto existe, existió y existirá, según nos dejan ver los datos y opiniones consideradas. Ahora bien, desde las sugerencias que nos ofrece E. Cassirer (1985), podemos deducir que hay ya una orientación propuesta y dirigida hacia esta comprensión de los principios formativos de los imaginarios colectivos, en la que se hace preciso insistir en este carácter ajeno a ideologías y creencias predeterminadas,

para favorecer la integración de todas las orientaciones que guían o nutren a quienes hoy participan en la educación en valores, dentro de nuestra sociedad compleja y plural. Siendo este asunto una cuestión esencial o categorial humana, existirá con independencia del tiempo, la zona geográfica o la denominación socio-política correspondiente. Así ha quedado visto en los resultados y opiniones recogidas entre personas de diferentes nacionalidades y localizaciones geográficas.

 ¿Es posible vivir sin valores?

 Los datos y referencias obtenidos apuntan a que mientras existan necesidades humanas, del tipo que sea, se plantearán valores como determinación de aquello que las satisfaga. Estos valores podrán ser explícitos o implícitos, conscientes o inconscientes. Vivir sin valores resulta absurdo. Lo que si parece habitual es que estos valores se encuentren en conflicto entre si, cuando no se logra una coherencia interna suficiente, a la vez de generar conflictos con valores de otras personas o del entorno social en que se viva. Aquí podemos encontrar la verdadera crisis de valores, que puede llegar incluso a mostrarse con apariencia nihilista, por el efecto de contradicción invalidante que pudieran ejercer unos valores sobre otros, en esa sobresaturación conceptual que veíamos antes y podría verse en la raíz misma del fenómeno social del “pasotismo” o indeterminación axiológica. Parece necesario, por lo tanto, crear un marco de referencia y debate crítico, lo suficientemente rico en sugerencias y motivación, para que cada persona, según las circunstancias y problemáticas propias de cada etapa evolutiva, vaya generando su propia esfera dinámica de valores, en una autogestión interactiva, enriquecedora y respetuosa con los valores ajenos. Tal proceso estaría en convergencia con las sugerencias que encontrábamos a partir de F. Nietzsche (1987), hacia su propuesta de genealogía o gestación de valores. Para ello, entendemos que la alternativa de presentar escenas concretas de la leyenda de los Argonautas u otras, como base referencial, favorece tal debate crítico orientado desde tales escenas posibilitadoras de valores ya explorados y no ejemplarizantes.

La estructuración de valores, en su dinámica evolutiva, debería considerarse desde el propio debate natural motivado en el aula, en coherencia con lo planteado antes. La evolución, por tanto, no ha de llegar desde fuera, por imposición normativa abstracta, sino que debe irse gestando en forma orientada dentro de los cauces establecidos para la sesión pertinente en el aula, sin que tales cauces sean cerrados. En este punto, la maduración y el trabajo personal de quien dirige la clase aparece como elemento fundamental. Si sus criterios se encontraran demasiado condicionados por una ideología determinada, de tipo religioso o político, tendería a generarse un sesgo discriminatorio hacia otras ideologías, creencias o culturas que impediría una

integración y enriquecimiento maduro, por parte del alumnado. Por ello mismo parece imprescindible que tal entrenamiento se genere en la formación del profesorado, de forma previa a su aplicación en el aula.

En este sentido, entendemos que la colaboración entre padres y profesores no sólo es posible sino que sería deseable. Así apuntan las reflexiones propuestas por Victoria Camps (2008), con las que entramos en plena resonancia. Por ello, las recomendaciones planteadas en relación con la formación del profesorado habrían de ser extensivas a la familia, dentro del marco de referencia de las “escuelas de padres”.

La influencia del entorno escolar y familiar, a la vista de lo considerado, parece ser dinámico. Se aprecia una mayor incidencia en la infancia y en relación con elementos vinculados con los sentidos, las experiencias asociadas a los afectos positivos o negativos, jerarquizados según el grado de intensidad de los mismos. En la sociedad actual, los programas de televisión, video-juegos, películas cinematográficas y canciones populares van ganando terreno sobre los relatos puramente literarios. Por otra parte, las consideraciones abstractas o normativas que no se vinculan directa o indirectamente con los recursos anteriores tienden a reducir su grado de influencia en la construcción de los valores personales.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

 Binde, J. (2005). ¿Adónde van los valores? París: Unesco, Icaria.

Camps, V. (2008). Creer en la educación. Madrid: Península.

Cassirer, E. (1985). Filosofía de las formas simbólicas. México: Fondo Cultura Económica.

Lakoff, G. y Johnson, M. (2009). Metáforas de la vida cotidiana. (1ª edición 1986). Madrid: Cátedra.

Lopez Benedí, J.A. (2012). La educación en valores desde la hermenéutica de los mitos y las leyendas: el vellocino de oro. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

Nietzsche, F. (1987). Así hablaba Zaratustra. Madrid: Alianza.

Sobre la risa”

Dr. Juan Antonio López Benedí

Del libro “Reír, para vivir mejor” Ed. Obelisco

La risa, como fácilmente podremos reconocer por nuestra propia experiencia, como nos muestran las niñas y los niños sanos, desde su llegada a este mundo, se encuentra en conexión directa con nuestra experiencia vital. En esas risas, las de la memoria y la infancia, propia o ajena, encontramos bienestar, salud y libertad. Su conexión es tan íntima y directa que al desaparecer aquéllas se pierden también éstas.

¿No es así? ¿No hemos sentido, acaso, el amanecer de la sonrisa y la explosión de la risa ante el alivio de una enfermedad, la superación de una crisis financiera o caminando libres por el campo tras una etapa de esclavitud por el trabajo, el famoso estrés, o la obligación de compartir labores con quienes nos agradan poco, con quienes nos desagradan mucho? La risa aparece siempre que sentimos esa recuperación de la identidad más originaria, más genuina; más nuestra. Algo que ciertas personas, demasiadas, olvidaron por completo hoy.

Pero vayamos un poco más allá. ¿No parece evidente que cuando sentimos alegría y la expresamos con sonrisas, con risas jubilosas, somos mucho más tolerantes, cariñosos, comprensivos, amables; menos violentos y belicosos? Ese misterioso don de la risa. Eso tan sencillo. La risa está detrás de muchas de las soluciones que hoy buscamos, social y personalmente.

Hay muchos tipos de risa, sin embargo. Hay risas que, incluso, contradictoriamente con lo que acabo de exponer, pueden generar humillación o causar desgracia. Porque la risa es una expresión emocional, un síntoma de energía o poder, más allá de los juicios de lo bueno y lo malo. Las risas pueden cargarse con intenciones múltiples. Lo que nunca ocurrirá es que alguien ría desde la debilidad. Si lo hiciera, inmediatamente se sentiría fuerte. Es una de sus peculiaridades. Por supuesto, en la debilidad y la fortaleza hay grados. Y no siempre distinguimos tales matices en la vida cotidiana. A pesar de todo, están. A pesar de todo, la risa es energía siempre. La risa es vida y, como vida, es salud.

Paradójicamente, al modo de ver de algunas personas, la risa es salud incluso entre quienes se muestran con crueldad o conductas malvadas. Porque la risa no sabe de juicios o condiciones morales; como la vida misma. Esto, como digo, puede resultar paradójico en relación con lo que afirmo en otra parte sobre la risa y la espiritualidad. Pero no hay contradicción para mí. Tan sólo encuentro en tal hecho la necesidad de comprender la vida y la espiritualidad en un sentido mucho más amplio de lo que comúnmente se entiende. Ahí lo dejaré. Queda apuntado como sugerencia para quienes deseen profundizar más por las sendas de la filosofía. El resto nos quedaremos con la evidencia de que “la risa es salud”.

El valor humano de las crisis

Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

RESUMEN

Este trabajo tiene como objetivos ampliar e integrar en lo propio del dinamismo vital humano la noción de crisis. Se propone un apunte de reflexión sobre el sentido de la vida, para pasar a observar con más detalle la crisis de la ancianidad. Se muestran algunas referencias cuantitativas para centrar su repercusión en lo personal y social. También se lleva a cabo una reflexión sobre la posibilidad afrontar las crisis dotándolas de valor hacia la resiliencia desde la creatividad. Finalmente, se proponen otras crisis de referencia, como las propias de la adolescencia, sugiriendo su importancia a la hora de marcar modos y conductas de actuación ante las mismas a lo largo de la vida.

Palabras clave: Crisis, sentido de la vida, resiliencia, valores, ancianidad, adolescencia, procesos evolutivos, repercusiones sociales.

ABSTRACT

This work aims to extend and integrate the dynamism as human life itself the notion of crisis. We propose a point of reflection on the meaning of life, moving to observe in detail the crisis of old age. Are some quantitative benchmarks to focus its impact on the personal and social. It also performs a reflection on the possibility of providing them cope with crises to resilience value from creativity. Finally, we propose reference other crises, such as those typical of adolescence, suggesting its importance in marking behavior modes and performance against them throughout life.

Keywords: Crisis, meaning of life, resilience, values, old age, teens, evolutionary processes, social repercussions.

A ningún ser humano, por lo general, le gusta estar en crisis. Sería incluso preocupante, desde el punto de vista de la salud mental, semejante predilección o gusto. Pero las crisis nos visitan periódicamente. Es un hecho. En algunas ocasiones piden cita y en otras se presentan sin avisar. Parecen estar dotadas de un carácter un tanto caprichoso. No obstante, ya que forman parte ineludible de la existencia humana, nos conviene conocerlas y descubrir alguna forma de negociar con ellas. Tal vez incluso podamos hacerlas rentables.

Tendremos que abordar para ello, en primerísimo lugar, la cuestión del sentido. Porque parece evidente que en cada una de nuestras crisis, personales o sociales, nos cuestionamos el sentido de nuestra existencia. Según la respuesta que demos a esta cuestión nos ponemos alegres o tristes; nos motivamos para seguir adelante o entramos en depresión. Por ello mismo habremos de considerar también nuestra actitud ante las crisis: la resiliencia y la creatividad. Una creatividad emocional, transformadora y evolutiva es lo que parece que necesitamos para generar resiliencia, es decir, capacidad para superar las crisis. Hay quienes definen la resiliencia como la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecidos y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal.

Sea como fuere, se trata de lograr aquello que nos permita seguir siendo personas, en el sentido más completo y profundo del término; que nos permita seguir en las condiciones adecuadas para mantener la mirada en el horizonte y sonreír, a pesar de que se modifiquen muchas de las circunstancias de nuestro entorno vital y social.

El hecho de establecer una diferencia entre las diversas etapas o edades, en función de un análisis cuantitativo de las mismas, pudiera dar lugar a segregar o marginar a quienes atraviesan las fases previas o postreras de la madurez, es decir, a quienes aún no han llegado a ser individuos “adultos” o a quienes, por ciertas condiciones valoradas como deterioros, se entiende que las han perdido. Por otra parte, se observan grandes diferencias, en muy diversos sentidos, entre quienes participan por edad en esos grandes sistemas estadísticos de clasificación.

La crisis del envejecimiento

Se ha convertido en un hecho problemático, en la sociedad actual, que la proporción de ancianos vaya en aumento debido, por una parte, a las mejoras en la sanidad, y por lo tanto en la longevidad humana, y por otra al descenso de la natalidad. El porcentaje de personas que sobrepasan los 65 años de edad crece de día en día; en Australia, por ejemplo, el 14% de la población llegaba a ella o la rebasaba ya en la década de los noventa. En España se alcanzó sobre el año 2000 un 16%, que se va ajustando provisionalmente, por influencia de la inmigración. En la Unión Europea se prevé que, en el año 2020, se llegará al 20%. En los últimos años, y desde distintos niveles, se han realizado en nuestro país análisis diversos en relación con la estructura de la población que permiten constatar lo que ya es un hecho en todos los países de nuestro entorno: el progresivo envejecimiento. Además de esta constatación, que se produce a ritmos distintos en función de las características de cada zona, las diversas proyecciones realizadas permiten corroborar que esta tendencia se va a mantener e incluso irá en aumento en las próximas décadas.

Es importante reseñar que no sólo ha aumentado el número de personas ancianas con respecto a la población total sino que se ha incrementado también su esperanza de vida, produciéndose cambios en la estructura interna de ésta. Hay un envejecimiento interno, con un considerable aumento, tanto en términos absolutos como relativos de la población de 80 y más años de edad.Según cálculos estadísticos, se estima que la vida media de los seres humanos, desde la prehistoria hasta el siglo XVI, se mantuvo en torno a los 35 años. Pero desde mediados del XIX, tomando como figura de referencia a Pasteur y el conocimiento de los gérmenes, en su relación con las enfermedades infecciosas, con la consecuente aparición y desarrollo de las vacunas y otras fórmulas inmunológicas, unido al hito de Fleming, en la primera mitad del XX, y el surgimiento de los antibióticos y sulfamidas, la situación ha cambiado considerablemente. En la actualidad, la esperanza de vida es muy desigual en las diversas partes del mundo. En algunas regiones de África se sitúa cerca de los 25 años, mientras que en Norteamérica y Europa alcanza los 75. Esta situación, por otra parte, debe ser analizada en el marco de un proceso evolutivo que ha tenido como protagonista a este sector de la población, activo en épocas de marcado desarrollo cultural, tecnológico e industrial. Todo ello implica la necesidad de considerar su creciente heterogeneidad. Es previsible que las personas jubiladas sean cada vez más instruidas, más urbanas, más cualificadas, más informadas y en general, más independientes, con lo que su nivel de exigencia (social-sanitaria) aumentará. Se produce así, como consecuencia, en la llamada sociedad del bienestar, una carga progresiva para la población denominada “económicamente activa”, en forma de subsidios para la vejez, pensiones o jubilaciones, que se financian a través de los impuestos, lo cual incide, directa o indirectamente, en la manera de afrontar, valorar y considerar esta etapa evolutiva, en detrimento de su aceptación, integración y vivencia de la afectividad dentro del entorno social e incluso en la conciencia y autoestima de muchos de los interesados.

El fenómeno del envejecimiento igualmente afecta a los países en desarrollo, que en la actualidad tienen una estructura joven pero que envejecerán probablemente más rápido que los países industrializados a causa de la emigración de los jóvenes y del descenso de la natalidad.

Simone de Beauvoir, en la introducción de su libro La vejez, comenta el miedo que existe en nuestra sociedad occidental a tratar este tema, los prejuicios a través de los cuales se mira a los ancianos, la gran dificultad que se ha dado a lo largo de la historia para enfocarlo en una forma adecuada y lo incoherente de tal procedimiento. En muchas ocasiones se alaba en exceso para acallar las conciencias, sin que después se desarrolle una actitud consecuente y comprometida. Teniendo esto en cuenta, justifica su ensayo:

Justamente por eso escribo este libro: para quebrar la conspiración del silencio. La sociedad de consumo, observa Marcuse, ha sustituido la conciencia desdichada por una conciencia feliz y reprueba todo sentimiento de culpa. Hay que perturbar su tranquilidad. Con respecto a las personas de edad, es no sólo culpable sino criminal. Escudada en los mitos de la expansión y de la abundancia, trata a los ancianos como parias. En Francia, donde la proporción de viejos es la más alta del mundo -el 12% de la población tiene más de 65 años-, están condenados a la miseria, a la soledad, a la invalidez, a la desesperación. En los Estados Unidos su suerte no es más afortunada” (Beauvoir 1989:8).

Llama la atención esta denuncia, que ya se queda corta en cuestión de cifras, y la resistencia que observamos diariamente a la hora de tratar esta cuestión de forma directa y natural; el bochorno y desagrado manifiesto que sigue pesando sobre nuestras conciencias cotidianas o el extremado sentido de la misericordia cristiana que puede llegar, en muchos casos inocentemente, a ofender la dignidad de las personas ancianas con una sensiblería superproteccionista, que debilita sus personalidades, sin resolver sus situaciones fácticas. Y sin embargo, María Teresa Bazo (1989: 193-223) muestra cómo el envejecimiento, también en España, es uno de los procesos sociales de mayor importancia, puesto que cada vez las personas alcanzan mayor edad, en mejores condiciones físicas, lo cual debería ser una buena noticia. Pero en él, a través de una autoevaluación realizada por los ancianos y ancianas de Bilbao, se constata que las mujeres y los grupos sociales de bajo estatus socioeconómico se autoperciben más negativamente, siendo la variable de la soledad la que mayor relación guarda con el estado de salud.

Tendencias depresivas en momentos críticos

El 30% de los ancianos españoles sufre depresión originada por los cambios fisiológicos, afectivos y sociales, relacionados con el envejecimiento según un informe realizado por Inmaculada de la Serna, psiquiatra del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Para de la Serna, la salud mental de los mayores suele ser bastante aceptable hasta los 75 años. A partir de esa edad, el deterioro comienza a ser más notable. En esta época se hace más evidente la disminución en el tamaño del cerebro, la pérdida de células nerviosas, la disminución del flujo cerebral sanguíneo, una menor metabolización de la glucosa y otros muchos cambios degenerativos. Con la edad se produce, además, un cambio en las funciones intelectuales. Así, la personalidad tiende a hacerse más rígida, insegura y egocéntrica.

Parece importante llegar a la vejez con una serie de recursos, que ayuden a paliar los deterioros inevitables. Por ello mi propuesta se encuadra en la jurisdicción general y profundamente particular de la esencia humana, de lo arquetípico; lo aplicable a cualquier persona, independientemente de su rol social, edad o circunstancias, aunque mantengamos siempre como referencia la crisis que nos viene impuesta por el deterioro progresivo de nuestra naturaleza biológica, sin eludir sus aspectos diferenciales, sus límites y condicionamientos estructurales. Muchos otros han sido los que también han desarrollado sus esfuerzos en este sentido. En España, desde el punto de vista de la política gerontológica, el periodo transcurrido desde la transición democrática hasta la actualidad, ha sido importantísimo. A lo largo del mismo se ha ido tomando conciencia, de una manera bastante generalizada, del progresivo envejecimiento de nuestra población y partiendo, en la mayoría de los casos desde cero, se han impulsado actuaciones dirigidas a este sector. A pesar de su todavía escaso desarrollo, constituyen en general una oferta cada vez más diversificada. Como muestra, citaré otro artículo publicado por un grupo de investigadores del Departamento de Psicología Social, de la Universidad de Sevilla, en la revista Apuntes de Psicología1, donde exponen cómo en los últimos cien años la ancianidad se ha convertido en un problema social importante, llegando a ser los ancianos uno de los grupos sociales más marginados, a pesar de los esfuerzos encaminados a responder a sus necesidades básicas. En el citado trabajo se plantea una conceptualización psicosocial de la ancianidad, a partir de la cual se ofrecen algunas claves para optimizar los recursos hacia ese colectivo, enfatizando especialmente sobre nuevas vías de intervención, encaminadas a mejorar su calidad de vida en un marco de integración comunitaria.

Propuestas y alternativas

Lo planteado en la referencia anterior me parecen interesantes para arrancar con una revisión antropológico-filosófica en busca de alternativas definidas que nos acerquen al objetivo de revisar nuestros valores y aprovechar su impulso vivencial renovado; para contemplar sonrientes el horizonte de la felicidad. Con tal objetivo he caminado ya, desde un marco teórico y contrastado con la experiencia práctica en sesiones individuales y actividades de grupo llevadas a cabo en residencias de ancianos de Cáritas y centros cívicos, en Madrid y Vitoria, donde he colaborado, al margen de otras actividades relacionadas con la revisión de valores. Con motivo de las investigaciones realizadas para mi tesis doctoral, tuve ocasión de profundizar en este tema desde perspectivas diversas, vinculado fundamentalmente a la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Coimbra. Tuve ocasión también de participar, fundamentalmente en Barcelona, en el trabajo llevado a cabo por asociaciones asistenciales en relación con las crisis que supone el dolor y la muerte, participando incluso en un máster organizado por la Universidad Pompeu Fabra.

Paralelamente a los intentos de mejora sobre las condiciones y calidad de vida de las personas ancianas, me sorprendió un estudio titulado: Valores de salud en ancianos hospitalizados. En él se concluye, entre otras cosas, que la mayoría de los ancianos prefiere vivir más tiempo aunque eso suponga tener peor calidad de vida. Lo realizaron tres enfermeras del Hospital de Navarra, Arantza Erburu Sardá, Conchi Molina Pérez e Idoia Valencia Venys, que consiguieron el primer premio del IV Congreso de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología-Zahartzaro. El 58,3% de las personas consultadas afirmó que no cambiaría un año de su vida por tener mejor salud. La muestra se tomó entre pacientes mayores de 70 años y sin demencia, ingresados en los Servicios de Geriatría y de Neumología del Hospital de Navarra. Las preguntas se formularon cuando los pacientes se encontraban próximos a recibir el alta, para evitar el condicionamiento de las respuestas por parte de un cuadro agudo, y siempre tomaron como referencia la situación previa al proceso que ocasionó la hospitalización.

La crisis, en este caso, no aparece cuando nos sentimos próximos a la vejez, a causa del deterioro que acarrea ésta. Se convierte en un problema por la desorientación a la hora de afrontar los diferentes momentos de transición, de tocar fondo para saltar a una nueva etapa, que tiene sus raíces en la adolescencia. En esta primera gran crisis biológica, psicológica y social aparece ya el germen de las diferentes fórmulas, conductas, orientaciones y alternativas que seguiremos a lo largo de la vida para resolver las etapas críticas. Desde entonces podrán rastrearse y observar aciertos y errores. Tales observaciones evolutivas, abiertas al aprendizaje y la autosuperación continua, se constituyen en clave fundamental para el logro de la felicidad o la satisfacción vital.

Todo ello tiene que ver con la forma en que afrontamos la cuestión del sentido y nuestra manera de involucrarnos con la vida, reflejada en la autoestima desde la raíz de nuestros valores profundos, en lucha o coherencia con los asumidos en el ámbito social correspondiente a lo largo de las diferentes etapas de nuestra existencia. ¿Te gustaría seguir caminando por esta senda?

1Martínez García, M. et al, Consideraciones sobre el abordaje psicosocial de la vejez. Universidad de Sevilla, Dep. Psicología Social. Revista Apuntes de Psicología, 1992, (34): 83-90.

 

Formar en valores, con evocaciones legendarias

 Dr. Juan Antonio López Benedí

juanbenedi@gmail.com

RESUMEN

Este trabajo tiene como objetivo potenciar y facilitar la educación en valores a través de la hermenéutica de los mitos y las leyendas para la educación y formación del profesorado. Se propone ejercer una reflexión sobre una educación en valores, desde una hermenéutica de las leyendas y los mitos, en la que se destaca un doble sentido histórico y ético-formativo. La base del trabajo es teórica y está contrastada con expertos. También se lleva a cabo una reflexión validada sobre la posibilidad o no de plantear una educación en valores apoyada en los mitos y las leyendas independiente de cualquier ideología o creencia. Las conclusiones apuntan, primero, a que existen carencias en la educación actual, relacionadas con las posibilidades de establecer vínculos afectivos motivadores para la educación en valores. En segundo lugar, se concluye que el empleo de los mitos y las leyendas como referentes didácticos puede facilitar la empatía necesaria para el trabajo con los valores en el aula. Finalmente, se deduce una propuesta metodológica orientada a la formación del profesorado para su aplicación en la enseñanza.

 Palabras clave: Educación en valores, didáctica, mitos y leyendas, hermenéutica, formación del profesorado.

ABSTRACT

This work aims to enhance and facilitate the teaching of values through the hermeneutics of the myths and legends for education and teacher training. We are proposed to have a reflection on values education, from a hermeneutic of legends and myths, which highlights a double sense historical and ethical training. The basis of the work is theoretical and is contrasted with experts. It also carries out a reflection on whether validated or not to raise values education supported the myths and legends independent of any ideology or belief. The findings suggest, first, that there are shortcomings in current education-related opportunities to bonding motivators for education in values. Secondly, it is concluded that the use of myths and legends concerning teaching can provide the necessary empathy for working with values in the classroom. Finally, it follows a methodological approach aimed at training teachers to use in teaching.

 Key words: Values education, teaching, myths and legends, hermeneutics, training teachers.

 INTRODUCCIÓN

 El presente artículo se plantea como una reflexión sobre la educación en valores, sus problemáticas y alternativas, junto con una pequeña aportación al conocimiento del papel socio-educativo que han jugado ciertos mitos y leyendas, desde la antigüedad, en la transmisión de valores.

Cuando nos planteamos abordar el tema de la educación en valores nos topamos, en primer lugar, con una problemática o situación “de facto”: los valores parecen hallarse referidos a sistemas de creencias o ideologías, explícitas o implícitas. Veamos algunas referencias en este sentido, entre las muchas de las que se encuentran presentes en nuestra sociedad, al día de hoy:

 1. Diamela Rojas Aguilar (2010):

El propio proceso revolucionario, marcado por la ofensiva imperialista no ha estado exento de contradicciones, carencias e insuficiencias, ha elevado a un primer plano lo relativo a la educación en valores como un componente, como esencia y finalidad de la Educación Cubana. Todo esto emplaza cada día, en el afán de sortear los obstáculos El Héroe Nacional de Cuba, José Martí Pérez, maestro de profesión y por presentes en la vida cotidiana, a fortalecer todo lo que nos una en torno al proyecto social que defendemos. De ahí que no puede esconderse la importancia de la labor educacional y especialmente de la educación en valores. (Pág.1).

 Es criterio de la autora, que la obra de José Martí aglutina ese potencial necesario como modelo a seguir para formar jóvenes profundamente patriotas. (Pág. 2).

 2. Universidad Iberoamericana de Ciencias y Tecnología. Santiago de Chile 2011. (http://www.unicit.cl/universidad.php?sec=1&id=15)

La Universidad Iberoamericana de Ciencias y Tecnología, en esencia, es una comunidad de maestros y discípulos, que iluminados por los valores cristianos, está dedicada a la búsqueda del conocimiento, para luego insertarlo y proyectarlo concretamente en el desarrollo social, cultural, económico, científico, tecnológico y moral de nuestra nación y del mundo.

 3. Boletín Igualdad de Género y Educación. Iscod – FETE-UGT. 8 de marzo de 2007

En estos últimos años se han intensificado los debates y las discusiones sobre las relaciones entre distintas culturas. El hecho de que España se haya convertido desde hace pocos años en un país de destino para grupos de inmigrantes procedentes de diversas partes del mundo, nos ha introducido de lleno en un mundo de encuentros y desencuentros culturales. Y si hay una institución en la que se reflejan estos cambios sociales es la escuela: en las aulas tienen lugar tanto conflictos como acuerdos. Ahora bien, la escuela puede ser una institución de reproducción de las relaciones sociales o un poderoso instrumento de transformación social. La escuela es la institución en la que se aplican con gran precisión los curriculos ocultos de clase, de género, de raza, de etnia o de sexualidad; y también la realidad contraria, es decir, el espacio en el que se desactivan esos inasibles curriculos sobre los que se asienta la desigualdad. La escuela puede ser un lugar donde se reproducen las desigualdades culturales o un espacio donde tienen lugar encuentros interculturales. Sin embargo, desde una perspectiva feminista cabe decir que una parte de esos conflictos que tienen la apariencia de ser culturales, en realidad son conflictos de género. Dicho en otros términos, los varones de distintas culturas, incluida la nuestra, enmascaran sus privilegios detrás de prácticas que denominan culturales.

 4. 11 consejos de Bill Gates para los jóvenes(http://escuelapararicos.net/11-consejos-de-bill-gates-para-los-jovenes/)

Las tablas de Bill: No las dijo en arameo. Tampoco aparecieron escritas en una tabla de piedra. Pero desde que las pronunció en una universidad norteamericana, frente a un auditorio colmado de padres de familia, las once reglas de Bill Gates para la correcta educación de hijos adolescentes se expandieron por la web con la misma potencia con que los mandamientos de Moisés Invadieron el mundo cristiano. Están destinadas sobre todo a padres sobre protectores que “consienten a sus hijos y les dan lo que piden, aún cuando no lo me recen”. Son las siguientes. Parecen duras, pero si lo dice Gates.

1. La vida no es justa, acostúmbrate a ello.

2. Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

3. No ganarás U$S 5000 mensuales justo después de haber salido de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

4. Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá

vocación deenseñanza ni la paciencia requerida.

5. Dedicarse a cocinar hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo, le llamaban Oportunidad.

6. Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores, aprende de ellos.

7. Antes de que nacieras, tus padres no eran tan “aburridos” como son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que, antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida; empezando por tu habitación.

8. En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

9. La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo -si lo deseas – en tu tiempo libre.

10. La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café, de la película, para irse a trabajar.

11. Sé amable con los “nerds” (los más aplicados de tu clase). Hay muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos

 Es cierto que en algunas transmisiones de valores, si no en todos los casos, se han dejado sentir marcas y condicionamientos restringidos a grupos de poder político, religioso, racial, económico o de género, ajenos a la universalidad, el respeto y la igualdad de oportunidades entre seres humanos, generando así enfrentamientos violentos y de aniquilación de unos sobre otros, como ocurrió y ocurre con las guerras de religión, los procesos inquisitoriales, la violencia de género, la preponderancia geográfica, lingüística, económica, política o étnica de las dictaduras militares o revolucionarias, por ejemplo. Pero el propósito que orienta la presente tarea es el de reconocer lo valioso, allí donde se encuentre, limpio de condicionamientos y prejuicios. El propósito es seguir el espíritu expresado por Antonio Bolívar (2007):

 La formación de la ciudadanía, en el imaginario liberal de la escuela pública, se asienta en la socialización en valores comunes y universales, que están por encima de las pautas culturales específicas de los distintos grupos sociales que componen un país. (Pág. 53)

 Dentro de ese espíritu, respetuoso con las diferencias personales o grupales, se trata de aprovechar los recursos imaginativos y metafóricos, en lo que tienen de valor; de aprovechar las estructuras más originarias de los aspectos humanísticos, emocionales, evocativos y afectivos de los mitos, las leyendas y los símbolos, que parecen haber demostrado ya sobradamente su potencia y eficacia a la hora de motivar conductas y sacrificios máximos, por su carácter ejemplarizante, para la desigualdad o la exclusión, tanto como para la construcción de las grandes obras que nos han hecho alcanzar el momento presente de la humanidad, con un bienestar mayor que en épocas pasadas, para una parte considerable de la población mundial. Y se trata de hacerlo para promover eficazmente una educación exenta de prejuicios; una educación universalizante, integradora y máximamente potenciadora de los recursos y habilidades personales, en beneficio de la humanidad en su totalidad, entendida como integración compleja y múltiple, que favorece el apoyo mutuo y la mejora permanente, personal y grupal, de la calidad de vida de todos y cada uno de sus integrantes.

 Por otra parte, existe una dificultad agregada en relación con los procesos de educación en valores, desde la visión positivista de la gestión empresarial, el culto a la eficacia y el rendimiento de cuentas económico, aplicado a los centros de enseñanza, que será necesario tener en cuenta. Como dice Antonio Bolívar (1995):

 En el campo de los valores y actitudes, en concreto, el positivismo (con su distinción entre hechos, que pueden ser probados y observados, y valores, que son relegados al campo emotivo de la expresión subjetiva de sentimientos) da lugar a que “la moralidad quede relativizada y privatizada, un asunto de juicio de valor personal, no una cuestión para el debate público y objeto de enseñanza en las escuelas” (Lickona, 1993:6). Es justamente en esas décadas, en que alcanza su apogeo el positivismo en la enseñanza y la filosofía moral, cuando la educación moral y su valoración queda relegada al ámbito privado, excluida de una acción explícita e institucionalizada en la escuela pública. (Pág. 23)

 En determinados momentos se han esbozado cambios que fueron útiles temporalmente para quedar después olvidados. Pero cíclicamente se pueden desempolvar y adaptar como algo novedoso, capaz de superar limitaciones y errores del pasado. Un análisis en perspectiva puede permitirnos conocer un poco más a fondo lo que ha pervivido y desde cuándo, al menos en este área del amplio mundo de los mitos y las leyendas, con la posibilidad de ser extrapolado a diferentes casos por su conveniencia o utilidad en la práctica educativa.

 Existe una cierta sensibilización, desde diferentes momentos de la evolución formativa y profesional, para abrir recursos innovadores contemplando lo antiguo con nuevos ojos. Tomaremos en cuenta, como referente, una de las conclusiones de E. Hashimoto Moncayo (2005) sobre la investigación educativa:

 La investigación educativa debe centrarse en todos los niveles del conocimiento: filosófica, científica y tecnológica. Una para que brinde la orientación, la otra para que explique el porqué de las cosas, y la última para decirnos el cómo (Pág. 33).

 Por ello mismo se plantea aquí la presente propuesta desde un sentido amplio y multidisciplinar, sobre la base de diferentes problemáticas detectadas.

La mejora en el rendimiento de los alumnos

 El diagnóstico hecho sobre la educación como “enferma” o la preocupación actual por los valores y sus crisis, fundamentadas en estudios, propuestas y cuestionamientos de carácter social, especializados en la materia, se encuentran entre tales problemáticas. Veamos, por ejemplo, lo que aparece en las conclusiones del informe español PISA 2006:

 Los resultados PISA 2006 aconsejan una reflexión que debería extenderse a los diferentes aspectos que resaltan como debilidades o fortalezas del sistema educativo español: la mejora del rendimiento de todos los alumnos y el mantenimiento de los buenos resultados españoles en equidad, procesos compatibles, como demuestra PISA; el trabajo en el entorno educativo de los alumnos para conseguir contrarrestar el efecto de las diferencias culturales, económicas y sociales de los contextos familiares y de los centros; el estímulo y la promoción de la formación docente para que sea más eficaz el trabajo con los alumnos en la adquisición de las competencias básicas; el esfuerzo educativo y del conjunto de la sociedad por la lectura y la mejora de la comprensión lectora de los alumnos españoles y la decidida actuación a favor de la autonomía de los centros educativos (PISA 2006, 2007, Pág. 101).

 Por otra parte, J. M. Quintana (2004), diagnostica directamente a la educación como “enferma”, afirmando no ser el único:

 Ya se ha escrito algún otro libro con el mismo sentir que el nuestro; en 1984, J. de Romilly

publicó “L’Enseignement en détresse” y allí decía, refiriéndose a la enseñanza en Francia, que “el marasmo actual, acrecentado por la confusión y agravado por la reglamentación, se ha convertido casi en un estado de coma. Y lo que se está preparando no da esperanzas de una pronta recuperación” (p.41). Se refería a unos males de la educación francesa que son precisamente algunos de los que están aquejando ahora a la española: descenso del nivel de conocimientos (“la creciente ola de ignorancia”, dice textualmente esta autora), el igualitarismo en contra de la emulación y la selección, la politización de los debates sobre la educación, la prioridad dada a la técnica sobre la cultura y la degradación de la Lengua (tema este último al que en Francia son especialmente sensibles) (Pág. 14).

 Parece darse un problema de reelaboración o representación interna, que a su vez coincide con procesos de creación y recreación imaginativa, en conexión interactiva con el entorno emocional, social y educativo, fundamentales para forjar metas, estímulos motivacionales y criterios autónomos, maduros, que superen el egocentrismo propio de la infancia. Lo que encaja con la visión de A. de la Herrán Gascón (2003a):

 El centro docente no ha de ser sólo un centro de instrucción, y la familia debe constituirse en un entorno educativo cada vez más consciente y mejor coordinado con la escuela. Sólo así, mediante la cohesión de ambas, la formación de nuestros hijos y alumnos puede verse reforzada y ser más eficiente. Y es que no estamos en la sociedad del conocimiento. Más bien nos encontramos en una sociedad de pensamiento débil, voluntad descafeinada y mentalidad profundamente egocéntrica, en la que la actuación desde sí y para sí o lo entendido como propio está tan extendido que pasa desapercibido (Pág. 5).

 La preocupación por la mejora de los sistemas educativos se ha convertido en uno de los puntos clave de la reflexión social en Europa, como podemos ver en lareferencia recogida en la introducción del estudio promovido por la Fundación La

Caixa y dirigido por J. Prats y F. Raventós (2005):

 Los países europeos sitúan los problemas de los sistemas educativos en un lugar fundamental de la reflexión social. La mejora de la educación es uno de los elementos básicos de las políticas públicas y un objeto de estudio de las organizaciones internacionales. La importancia de la educación y del conocimiento en un mundo global es cada vez más importante y no solamente lo que se refiere a la formación de las elites dirigentes o a la preparación profesional. Actualmente, se considera que la educación general básica de la totalidad de la población es un factor clave para el progreso, la convivencia y la armonía social (Pág. 8).

 Estas, entre otras noticias semejantes de la actualidad, son las referencias al interés social del tema elegido, así como la consideración de su posible utilidad. Por otra parte, se encuentra también la reflexión que propone A. de la Herrán Gascón (2006) en su artículo “Hacia una educación para la universalidad”, donde arranca apuntando la fragmentación social que podría ver en la humanidad cualquier observador externo, para señalar poco después que

 La Educación para la Universalidad es para nosotros una Educación para la Evolución de la Conciencia, hoy un ámbito inédito de la Pedagogía, pero congruente con lo que desde la Educación se anhela (Pág. 26).

 Y también la que plantea en su artículo “¿Cómo Favorecer la Motivación del Alumno?” A. de la Herrán Gascón (2003a), en el que apunta la posibilidad de que los enfoques actuales impliquen una forma inadecuada, o cuanto menos mejorable de motivación:

 Pero favorecer la motivación del alumno no es, ni mucho menos, tarea fácil, ni a mi juicio, por lo general, se enfoca de manera correcta (Pág. 4).

Aclaración de conceptos

 En esta línea veremos, desde una perspectiva antropológico-filosófica, hermenéutica e histórica, elementos relevantes para la motivación ética y la transmisión de valores, que se proyectarán hacia la praxis educativa y la formación del profesorado. Pasaremos a justificar ahora los conceptos básicos, determinaciones, elecciones y su sentido. La perspectiva antropológico-filosófica se enmarca en las redes conceptuales que nos envuelven, como dice E. Cassirer (1945) y que nos determinan en esa otra dimensión de la realidad, frente a la fenomenología física, genética, del resto de las especies biológicas:

 La realidad física parece retroceder en la misma proporción que avanza su actividad simbólica. En lugar de tratar con las cosas mismas, en cierto sentido, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o en ritos religiosos, en tal forma que no puede ver o conocer nada sino a través de la interposición de este medio artificial. Su situación es la misma en la esfera teórica que en la práctica. Tampoco en ésta vive en un mundo de crudos hechos o a tenor de sus necesidades y deseos inmediatos. Vive, más bien, en medio de emociones, esperanzas y temores, ilusiones y desilusiones imaginarias, en medio de sus fantasías y de sus sueños (Pág. 48).

 Entenderemos por hermenéutica la posibilidad metodológica de interpretar símbolos, ideologías, leyendas, mitos o tradiciones, a través de sus textos u otros rastros documentales o artísticos. Su sentido, de cara a la actualidad y la infancia, preadolescencia y adolescencia, se encuentra en aprovechar la permanencia de ciertos símbolos en instituciones, versiones cinematográficas, las apariciones de símbolos en los comics, en películas centradas en otras temáticas de fondo, en la literatura infantil y juvenil, así como en los videojuegos, tomando todo ello como ejemplo que nos permita ver la forma de convertirlo en comprensible y potenciador de valores educativos, desde una ética creativa y dialogante, en un proceso abierto, que facilite y provea de herramientas para la comprensión de lo real, de cada una de las realidades que han de irse asumiendo a través de la educación y del aprendizaje de las diferentes materias previstas en los planes de enseñanza. Porque la comprensión que ha de darse como fruto de una enseñanza eficaz, pasará siempre por un proceso de interpretación; por una hermenéutica.

 Para facilitar la comprensión de las propuestas y desarrollos planteados en el presente trabajo, conviene concretar el enfoque de significados que utilizaremos, en relación con ciertos términos. En primer lugar, nos acercaremos al concepto de complejidad siguiendo la propuesta de Herrán Gascón, A. de la (2003c):

 Toda nuestra construcción parte de un axioma formal: Desde la complejidad más enriquecida se hace posible acceder a todo lo que engloba y a sus combinaciones (Pág. 500).

 En este sentido, seguiremos también la orientación que él mismo suscribe sobre el fenómeno complejo, a través de Vilar, S. (1997):

 Un fenómeno complejo es el compuesto por una gran variedad de elementos que mantienen entre sí una gran variedad de relaciones, con interacciones lineales y no- lineales, sincrónicas y diacrónicas, la evolución de cuyo conjunto es imprevisible, incluso cuando su auto-organización se orienta por acciones teleológicas, finalitarias (Pág. 18).

 En segundo lugar, el concepto de “holístico” lo proponemos desde su acepción de totalidad, de visión y sentido generalista, integrador necesario de las partes, enfatizando la importancia del todo como entidad que supera la suma de sus elementos integrantes y potencia su interdependencia, a modo de complementación y compactación de la complejidad.

 Por último, el término “transpersonal” lo tomamos como aquella invitación a progresar más allá de lo egoico, de los condicionamientos sociales y los prejuicios, en una posibilidad de movimiento libre a través de la complejidad holística de los valores en la educación. Nos hacemos eco, en este sentido, de la visión programática ofrecida por Herrán Gascón, A. de la (1998):

 La investigación transpersonal, pues, debería aspirar a la máxima coherencia. “Primero hacer las cosas y después hablar de ellas”, como decía Confucio en el Lun Yun. Antes experimentar y transformarse que volcarse a analizar las experiencias de otros. El ideal al que no se ha de renunciar es, pues, que las modificaciones percibidas surjan como resultado de la propia mutación, y el (auto)investigador esté preparado para interpretarlas más conscientemente (Pág. 32).

 La motivación ética encuentra su lugar a raíz de la capacidad evocativa de los mitos y las leyendas, que dirigen la atención y la conciencia a través de resonancias suprarracionales y polisémicas, como sugiere, entre otros, E. Martos Núñez (2007):

 La importancia de una leyenda no estaría tanto en lo que cuenta como en los símbolos que encierra y el cómo se cuentan. A este respecto, nótese la diferencia entre un estilo conciso, que se ciñe a la acción, con pocos personajes, y un estilo amplio, propio de las leyendas románticas, que evolucionan casi hasta la novela corta. Por eso es muy importante ese sentido polisémico que tiene el texto artístico, el que se puedan colar en él valores y vivencias que la ortodoxia no podría permitir (Pág. 155).

 Por otra parte, la transmisión de valores ha de entenderse en el contexto de las antiguas artes poéticas, de donde nacieron las leyendas tradicionales y los mitos, con una capacidad extraordinaria para impactar y mover la evocación anímica, tal y como sugiere R. Graves (1986), en su obra La diosa Blanca:

 Es cierto que la ciencia poética europea se basaba esencialmente en principios mágicos, los rudimentos de los cuales constituyeron un restringido secreto religioso durante siglos, pero que finalmente fueron desechados, desacreditados y olvidados. Ahora sólo por rara casualidad de regresión espiritual los poetas hacen sus versos mágicamente potentes en el sentido antiguo (Pág. 19).

 Y la comunicación educativa, así como el uso que de ella se hace o pueda hacerse, como recurso didáctico en la literatura infantil y juvenil, encaja dentro de la visión del aprendizaje como proceso activo de construcción y re-creación del conocimiento, como producto social. Porque educarse es involucrarse en una múltiple red social de interacciones. Así, por tanto, la comunicación educativa quedará definida como diálogo e intercambio entre diferentes interlocutores, incorporando a ella emociones, vivencias, imaginación y fantasía, en un proceso coherente con el pensamiento abstracto y analítico.

Sondeo general de interés

 El sondeo se llevó a cabo enviando mensajes directos a grupos aleatorios de personas que declaraban estar interesadas en la Pedagogía y la Educación, dentro de la red social de Emagister. Se eligió este medio por las posibilidades de acceso que ofrecía a una amplia base de datos de profesionales que se mostraban interesados en diferentes ámbitos culturales y educativos, declarando en su ficha su formación y actividades profesionales. Consistió en lanzar propuestas directas e individualizadas de colaboración a más de cien personas vinculadas con los grupos de interés citados, en España y diferentes países de América. Algunas de ellas accedieron a participar, respondiendo a las dos preguntas de partida, tal y como se refleja a continuación. Se les solicitó una colaboración voluntaria, especialmente a quienes declaraban dedicarse al ejercicio profesional de la educación, en instituciones públicas o privadas. Conscientes del valor relativo, desde el punto de vista de una metodología científica, de los datos obtenidos por este medio, se vio interesante considerarlos como un punto más de referencia y contraste de triangulación metodológica, complementado con entrevistas semi-estructuradas a siete expertos de diferentes universidades y países.

Respuestas a mensajes personales

 De los contactos generados, se han recopilado 55 testimonios (39 mujeres y 16 varones), entre España y otros países de América, en la siguiente proporción:

1. España: 27. (Varones: 9 – Mujeres: 18) Alicante: 1 Barcelona: 3 Bizkaia: 1 Cáceres: 1 Cádiz: 1 Cantabria: 1 Córdoba: 1 Granada: 1 Guipúzcoa: 2 Madrid: 8 Málaga: 2 Murcia: 1 Navarra: 1 Valencia: 2 Zaragoza: 1

2. Latinoamérica: 27 (Varones: 7 – Mujeres: 20)

3. Canadá: 1 (Mujer)

 Esta muestra, como se dijo, fue tomada en forma aleatoria de entre los participantes en foros, en lengua española, que tenían relación con la educación, entre los meses de mayo y octubre de 2009. Todas estas personas respondieron a dos preguntas:

 1.- ¿Existe un poder de evocación en los mitos y las leyendas?

Respuestas        Sí         No        Relativo.

Cantidad             51         3            1

 Las tres respuestas negativas se corresponden con varones de Guatemala, Ecuador y Navarra (España), respectivamente. La respuesta relativista es también de un varón, de Barcelona (España). Este último considera que la capacidad evocativa depende del contexto: a más racionalización, menor influencia.

 2.- ¿Tienen sentido en el mundo actual?

Respuestas     Sí       No        Relativo

Cantidad          52        2              1 

Argentina: 2 Bolivia: 2 Colombia: 1 Costa Rica: 2 Chile: 5 Ecuador: 2 Guatemala: 2 México: 6 Perú: 2 República Dominicana: 1 Uruguay: 2

Las dos respuestas negativas se corresponden con varones de Ecuador y Navarra (España). El primero, de Ecuador, considera que son simplemente creencias falsas. El segundo, de Navarra, está orientado a las ciencias y considera que este tema se relaciona con “bonitas ficciones” para las que no tiene tiempo. El que respondió “no” a la primera pregunta y “sí” a la segunda, de Guatemala, considera que sólo tienen valor literario y cultural, muy relacionado con el mundo indígena. La respuesta relativista es de un varón, de Barcelona (España), como vimos. En este caso también considera que su sentido depende del contexto de racionalidad. En ambos casos, todas las mujeres responden afirmativamente a las dos preguntas. Teniendo en cuenta, por otra parte, que la participación de las mujeres fue mayoritaria, tendríamos una respuesta global favorable del 94,55%. Los resultados presentados en la tesis doctoral J. A. López Benedí (2012), en relación con la educación en valores y su vinculación con el uso de leyendas, nos permiten concluir que:

1.- Existen profundas carencias en el área de la educación en valores.

2.- Estas carencias coinciden con el alejamiento institucional y metodológico de los diferentes planes y modelos de enseñanza con respecto a los vínculos afectivos en las aulas, a favor de técnicas y procedimientos preferentemente cuantitativos.

3.- Los mitos y las leyendas se relacionan fundamentalmente con el ámbito de lo emocional y afectivo, a través de su carácter evocativo, generado por las metáforas y alegorías implicadas en sus procedimientos expresivos.

4.- El uso de los mitos y las leyendas en el aula favorece las vinculaciones afectivas positivas.

5.- El debate crítico en torno a las propuestas evocativas de los mitos y las leyendas favorece la reflexión personal, la integración pluricultural y la maduración en el ámbito de los valores.

¿Podrían convertirse los mitos y las leyendas en herramientas útiles y aplicables para la praxis de la educación en valores, en España y otros países?

 Así parece. Por otra parte, no sólo se trataría de herramientas útiles y aplicables para la praxis de la educación en valores sino que al tener difusión internacional a través de películas y videojuegos, sería muy conveniente llevar a cabo estas prácticas para reconducir e integrar las interpretaciones de valor, en entornos condicionados o mediatizados por el consumo y otros, hacia una construcción madura y crítica en entornos favorables, como son el aula y la familia, tanto en España como en los demás países en que tales películas y videojuegos se encuentren a disposición de jóvenes, adolescentes y niños. La propuesta ha sido acogida ya con interés por la Universidad de Coimbra (Portugal) y se irá ofreciendo a otros centros de España y de la comunidad universitaria internacional.

¿Es posible sistematizar estas herramientas para mejorar las prácticas y aplicaciones de los conocimientos actuales en la formación del profesorado?

 Sí. Es posible hacerlo, como se ha propuesto en diversas sugerencias de pasajes destacados de la tesis doctoral J. A. López Benedí (2011), promoviendo la reflexión compartida, vivencial y lúdica. A continuación se plantearán propuestas más concretas, como la que se está desarrollando para la enseñanza a distancia de la Universidad de Coimbra, dirigida a la formación del profesorado.

 Somos conscientes de que no caben recetas fáciles a la hora de abordar y resolver los asuntos aquí planteados; que la problemática es sumamente compleja por encontrarse inmersa en el ámbito de variables interactivas y evolucionantes, según los diferentes procesos históricos, los cronogramas vitales, personales y colectivos, además de las características propias de la gran diversidad geográfico-climática y pluricultural. Por ello mismo, el esfuerzo ha ido dirigido a determinar rasgos, patrones, arquetipos o herramientas comunes y propias de la experiencia categorial humana. También somos conscientes de las restricciones propias de una metodología, en la que se hace imprescindible tomar decisiones selectivas en función de las limitaciones espacio-temporales y de presupuesto. Por ello mismo, queda evidenciada la necesidad de seguir investigando en este campo, para llegar a completar las previsiones ideales que nos hicimos al plantear el proyecto de investigación y que hemos tenido que ir recortando por el camino, junto con muchas otras que fueron apareciendo y otras más que ya habíamos considerado y aplazado para futuros trabajos desde el principio.

 Por nuestra parte, las reflexiones compartidas por los participantes, así como las sugerencias halladas en los textos tratados, nos llevan a unirnos con entusiasmo a las tareas ya emprendidas por muchos otros colegas e investigadores para el enriquecimiento y la mejora de los procesos de educación en valores, junto con la consolidación de los valores culturales y científicos, dentro y fuera de las aulas.

 Bibliografía citada

 Bolívar, A. (1995). La evaluación de valores y actitudes. Madrid: Anaya.

Bolívar, A. (2007). Educación para la ciudadanía. Algo más que una asignatura. Barcelona: Graó.

Cassirer, E. (1945). Antropología Filosófica. México: Fondo Cultura Económica.

Graves, R. (1986). La diosa blanca. Madrid: Alianza.

Hashimoto Moncayo, E. (2005). En A. de la Herrán (Coord.) Investigar en educación. Madrid: Dilex.

Herrán Gascón, A. de la (1998). La conciencia humana. Madrid: San Pablo.

Herrán Gascón, A. de la (2003a). ¿Cómo favorecer la motivación del alumno? Biblos (14), 4-5. Oviedo.

Herrán Gascón, A. de la (2003b). El siglo de la educación. Huelva: Hergué.

Herrán Gascón, A. de la (2003c). Autoconocimieto y formación: más allá de la educación en valores. Tendencias pedagógicas nº 8. Departamento de Didáctica y Teoría de la Educación. UAM.

Herrán Gascón, A. de la (2006). Hacia una educación para la universalidad. Apuntes de Pedagogía. Boletín del Ilustre Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Madrid. (Abril), 25-28.

Informe PISA (2006). http://www.mec.es/multimedia/00005713.pdf

López Benedí, J.A. (2012). La educación en valores a través de los mitos y las leyendas como recurso para la formación del profesorado: El Vellocino de Oro. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

Martos Núñez, E. (2007). Cuentos y leyendas tradicionales (Teoría, textos y didáctica). Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha.

Prats, J. y Raventós, F. (directores) (2005). Los sistemas educativos europeos ¿Crisis o transformación? Barcelona: Fundación La Caixa.

Quintana, J.M. (2004). La educación está enferma. Valencia: Nau Llibres.

Rojas Aguilar, D. (2010). Sistema de tareas docentes para favorecer la educación en valores a través del estudio de la obra martiana desde la asignatura de español_literatura. Cuadernos de Educación y Desarrollo. http://www.eumed.net. Vol, 2 (20) Octubre 2010.

Vilar, S. (1997). La nueva racionalidad. Comprender la complejidad con métodos transdisciplinarios. Barcelona: Kairós

LA INTELIGENCIA DEL CORAZÓN

Dr. Juan Antonio López Benedí

El «homo faber», con su razón operativa, ha dado lugar a nuestra era tecnológica. Pero tal línea de avance parece haber producido una estrechez de horizontes que permite intuir la proximidad de la confluencia entre el artífice y su obra. Esta situación, ciertamente, produce un acusado desasosiego en quienes llegaron a una identificación conceptual entre «individuo humano» y «homo faber».

La reciente investigación neurológica nos muestra, por un lado, la especialización de nuestros hemisferios cerebrales, que permite hacer coincidir la actividad racional, lógica, de manipulaciones concretas, que vengo identificando como «homo faber», con el hemisferio predominante, el izquierdo para los diestros y viceversa. El otro hemisferio, el no predominante, queda asociado a la percepción estática, a la intuición y la comprensión global, además de aquello que, desde Freud, se viene denominando «inconsciente», que puede asociarse también con la actividad nerviosa intestinal y cardíaca, a través de los procesos puestos de relieve por la inteligencia emocional. Siendo tal la presencia física de las mencionadas actividades, me pregunto si podemos llegar a prescindir tan alevosamente de aquella otra parte no predominante.La especialización racional extrema, que la técnica ha impuesto a los seres humanos, está provocando un desequilibrio palpable. Encontramos evidencias del mismo en las crisis de valores, las pérdidas de sentido, las depresiones, los suicidios y los rasgos psicóticos variados, que se ven aparecer, con un incremento continuo y ascendente, en los países más industrializados y «organizados». Pero entiéndase bien que no pretendo condenar sistemas en bloque ni la raíz del proceso de racionalización; mi denuncia se dirige, exclusivamente, a la situación de desequilibrio presente. Ya es hora de que se entienda claramente la necesidad existencial humana de poner lo que los románticos denominaban «corazón» en equilibrio con el proceso racional, para que la frialdad técnica no desintegre al ser humano, empujándolo a su autodestrucción.

El organismo humano genera muchos impulsos eléctricos o bioeléctricos a través de los procesos de transmisión neuronal. Y como todos sabemos, todo impulso eléctrico genera un campo magnético. Todos hemos tenido ocasión de comprobarlo a través de sencillos experimentos caseros o escolares con electroimanes. En este sentido, todos los órganos de nuestro cuerpo, en especial aquellos en los que se da un cúmulo especial de neuronas activas, generan campos electromagnéticos. Además del cerebro y el sistema nervioso central, que recorre nuestra espalda desde la columna vertebral, vimos que también el intestino y el corazón se encuentran en este caso. Según las observaciones y mediciones de los neurocardiólogos, el campo electromagnético del corazón es el más poderoso que genera el cuerpo. Sus mediciones apuntan a que llega a ser cinco mil veces mayor que el producido por el cerebro . Los cambios eléctricos en los sentimientos y emociones transmitidos por el corazón humano pueden sentirse y medirse, al menos, desde un metro y medio de distancia y a veces, incluso, a tres .

Y de la misma forma que los sueños tienen su lenguaje, a través de los símbolos, representaciones, asociaciones y metáforas, también el corazón genera mensajes inteligentes que transmite por todo el cuerpo, a través de otros códigos asociados. Códigos rítmicos, por ejemplo, que nos hacen pensar en la influencia que tuvo siempre la música en los estados emocionales, como queda reflejado en el dicho popular: “La música amansa las fieras”. Y tales comunicaciones, tales pálpitos, influyen profundamente en nuestra percepción del mundo y nuestras reacciones ante él .

La propuesta de Rof Carballo, conocido neurólogo español, para devolver a la persona su «humanidad» fue, a grandes rasgos, recuperar o introducir en su práctica cotidiana la meditación libre, desinteresada, la vivencia íntima más pura, la contemplación estética inmaterial. De esa forma podemos llegar a recuperar la intuición, el impulso, el «corazón», los rasgos de genialidad que caracterizan a las «grandes personalidades», ya sea en el mundo de los negocios o en cualquiera de los ámbitos generales de la cultura. A esa componente, a todo el proceso anteriormente descrito, identifico con la denominación de «inteligencia del corazón», como ámbito y predisposición.

La creatividad es una característica humana que otorga una especificidad propia al término «humano», frente a lo animal y a lo mecánico o robótico. Al vincularse ahora con la inteligencia, en la neurología intestinal y los ritmos cardíacos, se hace más asequible, más real; su posición, equiparable al proceso analítico-racional es más evidente. Podemos entender que la razón universaliza, objetiviza la realidad humana, mientras que los sentimientos la individualizan. Pero, al mismo tiempo, la razón impone determinaciones concretas, a las que denominamos objetos, y el sentimiento se escapa siempre ante lo concreto analizable.

La creatividad, vinculada así a la inteligencia del corazón, es el puente y la articulación entre los sentimientos, las emociones, el impulso primario y su objetivación racional; es un impulso para la acción concreta y que se realiza en ésta. De otro modo, tales impulsos quedarían como emociones puntuales, que se disuelve con el tiempo.

La situación de crisis, en el marco social, se manifiesta como reflejo de las crisis personalmente vividas por quienes conformamos el ente o la estructura de la sociedad. Debido a que a veces carecemos de perspectiva sobre nosotros mismos, nos llega impuesta la necesidad de contemplar nuestros actos y objetivarlos como algo que nos fuera completamente ajeno. Y es a ese cúmulo de acciones y relaciones objetivadas al que se ha puesto el nombre de sociedad. De esta manera nos vemos liberados, aparentemente, de la responsabilidad de nuestros actos y podemos criticarlos y condenarlos, desde un disfraz de anonimato.

Podemos encontrar dos tipos generales de críticas que dirigimos a la entidad abstracta y anónima que llamamos sociedad. Por una parte, se encuentran las destructivas. Estas se arrojan como insultos y condenas. El otro tipo es el de las constructivas. Estas se caracterizan por tratar de analizar, superar y solucionar las situaciones de conflicto. Las primeras obedecen a insatisfacciones, impotencias o frustraciones, que surgen cada vez que tratamos de llevar un sentimiento o ideal a la práctica y no materializa, por cualquier razón. En estos casos, es difícil admitir que el fracaso ha sido fruto de una incapacidad personal; que el proyecto frustrado no estaba lo suficientemente elaborado y su inmadurez produjo un aborto. Esta incapacidad real, pero oculta a la instintiva necesidad de autoestima y reconocimiento, vinculada al instinto de conservación, provoca la reacción de buscar un culpable exterior que nos obstaculiza en nuestra senda o nos agrede, impidiéndonos ser lo que deseamos ser o vivir tal y como nos gustaría: la sociedad, como entidad general o concreta a través de alguno de sus agentes, también abstractos, como pueden ser pueblos, razas, culturas, sexos, religiones, grupos ideológicos, etc. Es fácil deducir el por qué de las guerras o la violencia en general desde esta perspectiva. Pero cuando no somos capaces de ver la propia incapacidad, se hace imposible encontrar los medios para superarla. Las frustraciones se acumulan y la violencia es su válvula de escape inmediata.

El segundo tipo de críticas, las constructivas, se producen cuando se supera la consideración de lo ajeno como agresivo. Esto supone un proceso de mayor racionalización e inteligencia, en el que se comienzan a ver distintos aspectos, hechos o dificultades sin la necesidad visceral de elogiarlos como buenos o condenarlos como malos. En su lugar, las valoraciones se producen en función de aciertos, mejorables, y de errores, corregibles. Al esforzarnos por mejorar y corregir, las frustraciones disminuyen y tienden a desaparecer, lo cual elimina la necesidad de los impulsos violentos y éstos dejan de existir.

He venido relacionando hasta ahora la creatividad, con la contraparte intuitiva humana, para acentuar así la necesidad de equilibrio, frente al abuso tradicional de la tecnificación analítica occidental de los últimos tiempos. Pero situémonos con los pies en la tierra para no perdernos en una exaltación excesivamente poética. La inteligencia del corazón, vinculada con esa creatividad impulsiva, precisa también de la observación analítica, de la conceptualización racional y de la técnica para ser realmente aplicable y no quedar como una mera fantasía. Es más: no sólo necesita de este último componente como equilibrador teórico; igualmente imprescindible es su contrastación empírica y su plasmación práctica, tangible y concreta.

Ante la vivencia fantasmagórica de la crisis laboral, financiera y social, asociada fundamentalmente a una crisis personal de valores en las personas, se impone la urgente necesidad de aportar nuevas orientaciones que nos permitan despejar los fantasmas y recuperar nuestra humanidad íntegra. Paralelamente al incremento de artificialidad y relaciones superficiales, que induce al aumento de frustraciones vitales, con sus correspondientes patologías derivadas, se da también un movimiento intenso de vuelta a la naturaleza, encabezado por los grupos ecologistas. Ahora bien, estos movimientos en sí mismos no son ninguna panacea para la persona, aunque incidan en puntos vitales para el equilibrio social, y no lo serán mientras supongan tan sólo una huida de lo artificial o del proceso de mecanización o tecnificación. Detrás de ellos pueden reproducirse los mismos errores con nuevos disfraces, como dejan ver en la actualidad ciertas manipulaciones sectarias en los campos de la política y la religión, fundamentalmente, porque muchos de los que huyeron buscando dichos refugios albergaban ya una patología básica de enajenación de su personalidad, en sus múltiples vertientes y posibilidades.

Mi propuesta arranca de la siguiente reflexión: no se conseguirá nada buscando tan sólo la vuelta a la naturaleza. Sea cual sea el lugar en el que se encuentre y sea cual sea su profesión, lo primero que necesita el ser humano es comenzar por ejercer su creatividad personal aplicada a su entorno inmediato; dejar de frustrarse y aprender a ser él mismo, sin poner como justificación de su impotencia ni a la sociedad ni a la autoridad ni a la familia ni a la cultura. El ser humano, la persona, ha de ser eso: persona, ante todo.

¿Cómo puede aplicarse la inteligencia del corazón en la vivencia cotidiana y en las relaciones terapéuticas?

Es imprescindible recuperar la seguridad de la acción desde el impulso mental-emocional, llamado generalmente intuición, con las adaptaciones pertinentes para cada circunstancia. Una vez obtenida esta rehabilitación de la intuición visceral no paranoica, es ésta la que hace posible la aplicación de la creatividad en cada caso concreto. Una vez descubierta la clave y recuperado el ejercicio de esta facultad, tan asequible y normal como cualquier otra de las que diariamente utilizamos, su funcionamiento es sencillo. Cuando por ciertos prejuicios, temores, dudas o inseguridad, se pierde el uso y la sensibilidad de ese componente equilibrador de la actividad mental y emocional, el individuo se sitúa en una posición equivalente a la de un discapacitado o persona impedida por la carencia de una funcionalidad neuronal u orgánica. Por tal motivo se encuentra con menos posibilidades de respuesta y defensa ante las agresiones o exigencias del medio y le resulta prácticamente imposible librarse de la enajenación, renunciando a ser él mismo. Pero si podemos remediarlo ¿por qué resignarnos a ser humanos a medias? ¿Por qué entregarnos voluntariamente a la discapacidad mental o psicológica?

La tecnificación de la psicología, a raíz de los experimentos de modificación de conducta, puso en crisis el sentido clásico de la dignidad humana, y así lo expuso directamente Skinner en su libro Más allá de la libertad y de la dignidad. Durante muchos años, tal presentación de las cualidades morales, como meros productos de reforzamientos sociales, agudizó la tensión existente entre el ser humano y el robot, puesto que se invertía la relación y este último aparecía como la imagen de perfección a la que los primeros, los seres humanos, imitaban, con la consecuente pérdida de valores y sentido a que nos enfrentamos o de la que nos quejamos en los últimos tiempos.

COMUNICACIÓN EMOCIONAL

Dr. Juan Antonio López Benedí

Aprendemos, desde niños, a estar pendientes de la atención de los demás; a buscar su reconocimiento. Así ocurre, por ejemplo, con el idioma materno. Para conseguir hablar, necesitamos focalizarnos en lo que oímos y después, poco a poco, imitar o reproducir los sonidos, los gestos y las expresiones. Y solemos estar convencidos de que la verdadera comunicación se logra cuando los demás entienden nuestras palabras; que equivale a la comprensión precisa de éstas y de las frases que escuchamos.

Pero la verdadera comunicación se alcanza cuando, entendiendo mínimamente las palabras que nos dicen, logramos comprender o sintonizar con las emociones que éstas llevan asociadas, a través de los tonos de voz y los gestos, por ejemplo. Por lo general, nos sentimos más comprendidos, escuchados y valorados, cuando se enfocan adecuadamente las emociones y sentimientos, en el proceso de la comunicación, en lugar de tomar en cuenta, de forma exclusiva, las palabras, conceptos o pensamientos. Esta es la magia de la comunicación eficaz.
Resulta difícil sintonizar con las emociones de los demás cuando no somos conscientes de nuestros propios estados emocionales, cuando existe algún tipo de lucha, tensión o malestar interno que nos impide “entendernos a nosotros mismos”.
Esta propuesta se dirige a concretar, en forma de códigos de lenguaje, los procesos de interacción o diálogo; la observación y aplicación de tales procesos. A través de la interacción con estos códigos, se pueden transformar con rapidez los estados emocionales, que dificultan la propia coherencia y la comunicación con las demás personas. Es fácil de observar que se facilita el entendimiento, propio y ajeno, cuando experimentamos emociones positivas, agradables, que deseamos compartir con los demás o con nosotros mismos. Y también, por el contrario, lo difícil que resulta llegar a entendernos cuando estamos de malhumor.
La coherencia cerebro-corazón puede medirse y nos permite evitar las contradicciones y la tensión interna producida entre los pensamientos, sentimientos, deseos, necesidades y actos. Desde esta coherencia mejora la eficacia en todos los asuntos de nuestra vida personal, social y profesional.

COHERENCIA Y APUESTA POR LA VIDA

Dr. Juan Antonio López Benedí

¿Quién no ha oído hablar de coherencia e integridad? ¿Quién no ha exigido tales conductas en su entorno, próximo o lejano, en algún momento? Y sin embargo no parece una tarea fácil. Paradójicamente, suele encontrarse en la raíz de muchos enfrentamientos o estallidos de violencia. Tales procedimientos de la comunicación y las relaciones cotidianas suelen estar acompañados también por una serie de juicios de valor y condenas morales, en caso de enfrentamiento, o de elogios, en caso de afectividades positivas. A veces lo hacemos también con nosotros mismos, quedando asociado a las graves carencias de autoestima que experimentan entre un 70 y un 80 por ciento de las personas que formamos parte de la sociedad urbana occidental, incluso cuando algunas muestran apariencias diametralmente opuestas.

Desde finales del siglo XIX se viene hablando, con más o menos intensidad, según los ámbitos, de la “decadencia de Occidente”, “la crisis de valores” y el “nihilismo”. Hay quienes ya hablan del fin absoluto de la sociedad que conocemos, a través del modelo de “crecimiento económico” que representa el consumo desmedido. Parece que se necesita recuperar con urgencia los valores y a dignidad de las personas. Una dignidad que refleje el sentido de nuestra apuesta por la vida; una apuesta que nos permita bandearnos entre las avalanchas, entre las olas de todo tipo, que amenazan con ahogar nuestros sueños, nuestros ideales, nuestros horizontes de ilusión y esperanza. Pero pretendo defender (lo cual supone un triste síntoma) que continúa vivo algo a lo que poder denominar, entrañablemente, humano: los buenos sentimientos, los afectos positivos y la confianza entre las personas. Es más, mantengo que nos resulta imprescindible para subsistir, cuando se ha perdido el rumbo, el sentido, por cansancio o desconcierto, replantearnos la integridad; replantearnos lo que supone ser íntegra y coherentemente un ser humano. Necesitaremos para ello, seguramente, recuperar, reconocer o reinventar nuestros valores; los que entraron en crisis, los que perdimos en algún momento de nuestra andadura; aquellos de los que fuimos despojados por cualquier razón, tal vez.Se puede entender lo humano como emergente de lo animal pero, a su vez y por ello mismo, claramente diferenciado. Lo que caracterizaría estructuralmente esa diversidad sería, en términos de Zubiri, el proceso de «hiperformalización biológica», es decir, la capacidad intrínseca de dar forma concreta a las percepciones, de espacializar con identificación de detalles, lo que permite a los seres humanos manipular y transformar a voluntad su medio. Esto último es imposible para los animales, por muy «avanzados» que se encuentren en la escala evolutiva y queda explícito en la artificialidad de nuestra sociedad tecnificada.Visceralmente, lo otro de lo humano frente a lo animal se encuentra también en la «experiencia trágica de la vida», según el sentir de Unamuno, es decir, la capacidad que los seres humanos tenemos de envolvernos intensamente en estados de ánimo que pueden llevarnos desde el éxtasis del placer hasta la desesperación del sufrimiento. Aunque podamos proyectar tales sentimientos sobre los animales, especialmente los domésticos, no hay comparación real con la emotividad humana.La razón y la vivencia se dan inseparablemente unidas en la actividad humana, haciendo posible el acto creador, imaginativo, emergente y real; haciéndolo posible a través de estructuras lingüísticas con diferente grado de complejidad. Lo animal se encuentra anclado en lo vivo y pudiera ser, como algunos proponen, que se acercara a la vivencia, es decir que se diera cuenta en cierto grado de lo vivido, pero lo humano se encuentra vivo, anclado en la vivencia y con capacidad efectiva para cambiar esta última, mucho más allá de los códigos lingüísticos que pueden observarse en ciertos animales, como las abejas, los cuervos o los delfines, como demuestran nuestras estructuras sociales, la tecnología, la ciencia o la literatura, por ejemplo.

Esta segunda contraposición, probablemente implanteable hasta el Renacimiento y su fiebre por los «autómatas», cobra en nuestros días gran actualidad. La mecanización y en particular la robótica están poniendo seriamente en cuestión lo humano, cuando se admite que se trata de elementos intercambiables en la empresa, en el mundo tecnificado actual. Y no son tan sólo intercambiables sino que en tal planteamiento suele quedar en clara desventaja lo humano.

Lo mecánico se puede entender como anclado en la racionalidad e incluso identificado con ella, pero sin la posibilidad creadora, imaginativa, que a lo humano caracteriza por su encuentro emocional con la vida, en un todo compacto. Los técnicos en la cuestión informática son conscientes de tal abismo y se han ido esforzando, en los últimos años, por superarlo con los sistemas expertos, el networking, las redes sociales y el mundo virtual. Lo mecánico puede superar, y llega a hacerlo de hecho, una faceta de la racionalidad humana en su praxis técnica pero sólo como producto depurado de aquella unidad compacta y creadora; lo humano es mucho más por su cualidad, haciéndose radicalmente incompatibles.

CON LA RISA AL CIELO

Dr. Juan Antonio López Benedí

            La risoterapia está de moda. Cada vez más personas buscan esta forma de ajustar o renovar sus vidas. Será que se deja notar el cansancio de los llantos, las serenidades obligadas, las responsabilidades, el asumir las heridas o los rencores ya olvidados, los que nos comen por dentro, aunque sólo sea con la sana intención de perdonar y perdonarnos. Tal vez necesitemos sentirnos mejor en otra forma. Tal vez sea cierto aquello que decía la canción: “…es preferible reír que llorar…”

¿En qué consiste la risoterapia? ¿Cuál es su misterio? Todos tenemos claro que la risa se inventó hace mucho tiempo, aunque algunos lo hayan olvidado. Pero la risoterapia no consiste sólo en ir a algún sitio y pagar por soltar unas cuantas carcajadas. Eso se puede hacer en el bar, con los amigos, o en la sobremesa casera, con la familia. La risoterapia consiste en la práctica de ejercer la risa a voluntad, aprender a hacerlo, y especialmente en aquellos momentos en los que nos sentimos arrastrados hacia la depresión, la tristeza o el aburrimiento.

Lo más atractivo de esta modalidad terapéutica consiste, precisamente, en aprender que la liberación o catarsis de nuestras tensiones emocionales no ha de realizarse, necesariamente, por medio del llanto, la agresividad, la huída o la pérdida del sentido de la realidad, sino a través de la alegría, en forma de sonrisa, de risa o de aquello que llaman “buen rollo” y que siempre ha sido el sentido del humor, en sus diferentes modalidades.

La ventaja de liberar la tensión interna por medio de la alegría consiste en su incidencia directa sobre los procesos creativos y la salud, en general, a través del equilibrio que favorece en el sistema endocrino. Y éste, a través de las hormonas, es la base para la potenciación de las defensas, la actividad sexual, el metabolismo, los reflejos mentales, la memoria y la eficacia o intensidad de respuesta ante los estímulos externos.

En resumen, el título del presente artículo se refiere a que la risa y el humor son la herramienta natural, por excelencia, para convertir los pesos, malestares o sufrimientos, asociados simbólicamente con los males del infierno, en el trampolín para la alegría y el bienestar, con el horizonte de la felicidad, que simbólicamente se asocia con el cielo. Que usted lo ría bien y lo disfrute con salud.

¿ES PREFERIBLE REÍR QUE LLORAR?

Dr. Juan Antonio López Benedí 

            Parece que la contestación a tal pregunta es evidente; que Peret tenía razón cuando lo afirmaba categóricamente en aquella vieja canción. Yo, sin embargo, me lo pregunto. Necesito hacerlo. Y necesito preguntarme si de verdad es preferible reír que llorar porque las evidencias, los datos, las personas con las que me encuentro diariamente, no me lo muestran. Todas ellas, todas esas personas, me responderían que sí; no lo dudarían ni un segundo. Me asegurarían que es preferible reír que llorar. Incluso me mirarían algunas con extrañeza porque me buscan por eso precisamente, porque desean reír y quieren que les enseñe. En su pensamiento, entre sus ideas, lo tienen muy claro. Pero su voluntad parece ir por otro lado. ¿Por qué?

El hecho es que la mayor parte de los adultos que pasan de los cuarenta, especialmente las mujeres, confiesan que ríen cada vez menos. La risa, la alegría desbordante y espontánea, se ha ido convirtiendo en una especie de paraíso perdido. Se contempla con añoranza, referida a un pasado nebuloso, tal vez idealizado. Como diría Jorge Manrique, “si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado”.

Se llora. Se llora mucho más de lo que se ríe y en muy diversos modos. Hay quienes lloran con lágrimas y quienes lo hacen sin ellas; quienes se derraman en lamentos hacia fuera y quienes lo hacen, en silencio, hacia dentro; quienes alardean de sus males y los exhiben sin pudor, en la circunstancias más diversas: en el descansillo de la vecindad, en la sala de espera del ambulatorio, en el mercado, en la oficina, en la sucursal bancaria, en la parada del autobús, en los programas de televisión,… Por todas partes se llora. Se ha puesto de moda y para algunos se ha convertido, incluso, en negocio. Se paga bien el estriptise lacrimógeno. Y quienes optan  por el llanto silencioso, hacia dentro, suelen ofrecer imágenes de languidez victimaria, que estruja los corazones ajenos y dificulta mucho la salud del propio cuerpo.

Es mucho más difícil encontrar el otro caso, el que se afirma preferible: el de reír. Aunque debo admitir que cierto tipo de personas lloronas gozan también riéndose dañinamente de prójimas y prójimos. Pero qué bonito sería si fuéramos consecuentes con nuestras ideas y propósitos, los que afirmamos con rapidez, al menos una vez al día, y nos derramáramos en risas y sonrisas; que nos desbordáramos en alegría por todas partes y porque sí, porque nos diera la gana y sin buscar excusas. O tal vez buscándolas allí donde normalmente no se ven: en un velatorio, al ir a pagar los impuestos, al llegar a casa derrengados, al mirar por la ventanilla de nuestro vehículo y contemplar a nuestras compañeras y compañeros en el atasco. Una sonrisa abierta, sincera, sencilla y tierna. Sería bonito. ¿Y por qué no?

Hace falta voluntad. No hace falta que nos ayude la suerte, como suele pensarse. Lo de esperar la suerte es una trampa. No hay que esperar. Es el momento de tomar las riendas de la propia vida y ser consecuentes. Si pensamos que es preferible reír que llorar, entonces ejercitémonos en la coherencia de apostar por ello. Reír. Sonreír. Vivir. Y no esperar siquiera a tener ganas. No esperar a que nos inunde el entusiasmo de forma milagrosa o a través de nadie. Tomemos la iniciativa. Seamos los verdaderos protagonistas de nuestra vida. Plantémonos y digamos al aire, a la tierra, a las miradas propias y ajenas, desde el respeto y el cariño, lo que de verdad pensamos y deseamos. Hagamos nuestra declaración diaria de principios, para afrontar con dignidad los retos, las dificultades y los esfuerzos de cada día: “Río porque deseo vivir; porque deseo compartir la vida y porque sueño con un mundo mejor; porque deseo colaborar en su construcción, con mi voluntad y mi alegría. Me río, aun cuando no tengo ganas, porque prefiero reír que llorar”.

HUMOR Y MALTRATO PSICOLÓGICO

Dr. Juan Antonio López Benedí 

         El maltrato psicológico es muy frecuente en las relaciones humanas. Nos maltratamos psicológicamente a nosotros mismos y a los demás, muchas veces sin darnos cuenta. Nos maltratamos física y moralmente, desde la torpeza, la ignorancia y los complejos de inferioridad.

La agresión física es una estrategia de dominio. La llevamos en nuestra herencia genética de simios y carnívoros, así como de guerreros humanos, especializados en las artes de la ofensiva militar, en procesos claramente diferenciados del mundo animal. Este tipo de agresión sigue la ley del más fuerte.

La agresión psicológica es otra estrategia de dominio, propia de los seres humanos; una herramienta adaptativa. Se desarrolló desde la inseguridad, el miedo y el sentimiento de inferioridad, generado frente a las especialidades biológicas del resto de los animales. El propósito de la agresión psicológica es minar la fuerza de la parte contraria, a través de diferentes estrategias gestuales, sonoras e imaginativas, que generan ciertos procesos de inducción, hacia la alteración de la conciencia, y la transformación de las emociones o impulsos agresivos del enemigo.

El maltrato vinculado con el humor se corresponde con agresiones psicológicas, que pueden llegar a convertirse en agresiones físicas. Se encuentra mucho más desarrollado, en nuestra sociedad, que el maltrato físico y resulta más difícil de percibir y contrarrestar. El maltrato psicológico, en general, tiende a comenzar desde ciertos ámbitos ambiguos del humor y el juego. Alcanza su punto culminante en la adolescencia y desde entonces debería suavizarse hasta extinguirse. Pero en muchos casos, por las dificultades propias y no resueltas de tal etapa evolutiva, se instala como pauta de dominio y autovaloración patológica. Sus primeras fases aparecen como humor reactivo, vengativo, sutil y traicionero, desde la frustración, la inseguridad propia y la falta de autoestima que prefiere la humillación de los demás al esfuerzo propio de crecimiento y maduración.

Se puede comprobar la presencia del maltrato psicológico en el ámbito cultural, instalado socialmente y como reforzador de las conductas personales, a través de los chistes. Bajo la influencia de la mayor parte de ellos aprendemos a convertirnos en maltratadores psicológicos y encontramos justificación y aval para tal conducta. Llega a ser una forma de socialización o identificación con el grupo. Veamos varios ejemplos:

“Un señor está triste y le dice un amigo:
Oye, ¿Qué te pasa?
Y le contesta:
Es que casi atropello a mi suegra.
Y el amigo le dice:
¿Qué pasó? ¿Te falló el freno?
No, ¡El acelerador!”

————————————————

“Una pareja de esposos discutía, y el marido dice:
– ¡Es que tu mamá tiene la culpa de todo!.
La esposa responde:
– Sí, ya sé que tu no quieres a mi mamá.
– ¿Quién dice que no quiero a tu madre?, si yo la quiero igual que a la cerveza.
La esposa, conocedora de la pasión de su cónyuge por la cerveza, le dice con tono de interrogación:
– ¿Tu quieres a mi mamá igual que a la cerveza?.
– Sí, quiero a tu madre como a la cerveza, porque la quiero fría, con la boca abierta y echando espuma.”

———————————————–

“En un estadio de fútbol; un niño le pregunta a su padre:

– Papá, ¿por qué todos insultan a ese tipo?
– Por tirarle una botella al árbitro.
– ¡Pero si no le ha dado!
– Por eso mismo, hijo, por eso mismo.”

——————————————————-

También hay otras formas irónicas o sutilezas del lenguaje, que sin ser chistes se asocian con el humor agresivo, es decir, con el reírse de las personas. Veamos otros ejemplos:

“¿Por qué existe el alcohol? Para que los feos puedan perder la virginidad!”

————————————————

“Dos amigas hablando: María, ¿Qué me darías por mi marido? Nada. Trato hecho.”

————————————————-

“— EL: ¿de dónde vienes?
— ELLA: Del Salón de Belleza
— EL: ¿Y estaba cerrado verdad?”

“Sabían que el 90% de los accidentes de coche son por culpa de los hombres?
Sí, por prestarle el coche a las mujeres.”

_______________________________________________________________

“¿En qué se parecen los hombres a los calcetines? En que sólo sirven para meter la pata.”

—————————————————

En estas expresiones cuenta el matiz que ponemos en ellas, desde los tonos de la voz y los gestos.

El humor y la risa conllevan un componente de maltrato y agresión psicológica al generarse desde estados emocionales de ira, frustración, odio, rencor y venganza. Éstos pueden encontrarse más o menos encubiertos por sutilezas, ironías o sarcasmos.

Pero también la risa y la sonrisa pueden desarrollarse como gestos de sumisión o apaciguamiento de la violencia. Y aquí se abre la puerta al trabajo personal, la imaginación y la expresión corporal, como fórmulas de ajuste en las relaciones, propias y ajenas, así como en la comunicación en general. Vemos algunos ejemplos.

“Se pierde Jaimito en un museo y le pregunta a un guardia:
Señor, ¿Ha visto a una señora sin un niño, como yo?”

“Oiga camarero, hay un pelo en la sopa y no es mío!

Démelo señor, lo guardaremos por si alguien viene a reclamarlo.”

“Va un señor fue al frutero, a comprar una sandia; entonces el señor le dice al frutero… dame una sandia por favor.
Y el frutero se la da y el señor dice:
— por favor pártemela a ver si esta roja.
Pero el frutero le dice: no le puedo abrir la sandia solo para ver si esta roja.
Entonces el señor y el frutero estaban discutiendo porque el frutero no le quería abrir la sandia.
En eso pasa un camión y atropella el carro de frutas y la sandia se parte en varios pedazos.
Entonces el señor le dice al frutero: ves que esta sandia esta toda blanca?
Y el frutero le dice
–Claro! Cómo no va a estar blanca, con el susto que acaba de pasar!”

—————————————————————————————–

“Un hombre se dirige a cobrar al banco y la cajera que lo atiende:
-Muy bien…….¿Como quiere el dinero ?
El hombre responde
-¡Con desesperación !”

El siguiente paso consistirá en la transmisión de emociones positivas como el cariño, la confianza, la ternura, la dulzura, la simpatía, la autoestima y el amor.

¿Te atreves a ejercitaren este sentido tu creatividad cotidiana?

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s